junio 01, 2007

Eskizorial

Y con esta edición se acaba El Esquizoide por este semestre. Fue tarde pero fue. Ojalá puedan disfrutar nuestro nuevo formato de transición de 8 páginas (hasta que la PUC se ponga con más dinero, o la Escuela ahora que le van a pasar no-sé-cuantitos millones de pesos para hacer su edificio nuevo... uuuy). [¿Alguien dijo que era feo hablar de plata?]

Como sea. Aprovechamos de reiterar nuestra invitación para que nos sigan a través de nuestro blog, donde encontrarán las ediciones anteriores en pantalla o para descargar en PDF. También podrán leer las columnas inéditas que por motivaciones inconscientes no quisimos publicar aquí. Además de tener la posibilidad de comentar nuestros artículos y de amarnos o echarle la foca a algún columnista (como ya lo han hecho muy diligentemente).

Según un estudio realizado por Esquizoide et al. (2007), al 85,71% de nuestros lectores les gustó (les encantó) el diseño de nuestro blog. Y siguiendo las directrices del profesor Rozas (sí, el de Comunitaria) hemos hecho un diseño que pueda verse con Firefox que es el navegador libre y que le hace el peso al Microsoft que es una transnacional siniestra que quiere recalentar el planeta. (De todas formas se ve bien con Internet Explorer).

Además recordarle a todos los psicologuitos que quieran publicar sus leseras aquí con nosotros que nos escriban a nuestra casilla el.esquizoide@gmail.com. Sabemos que tienen blogs, y que escriben poesía en un cuaderno de química del colegio. Es momento de publicar in the real life. A nosotros lo que menos nos falta es espacio para poner más textos, dibujos, fotos y/o cualquier cosa susceptible de ser publicada.

Estudien harto y quémense las pestañas haciendo esos cientos de trabajos que les quedan para los diez (?) días restantes antes de salir de vacaciones. Recuerden llevar su El Esquizoide cuando vayan al baño o mientras van en la micro. Lo van a disfrutar más que el Mosaico. En serio. (Querer es poder).

Cultura Psi

Me acuerdo que una vez fui a sacar a la fotocopiadora un texto de Chomsky para Cognitiva II. Apenas había terminado de pronunciarlo y ya recibía comentarios de otras personas que decían "Chomsky vale hongo" y que su teoría era muy mula. Un poco más y la Normi misma le tiraba un palo al pobre.


Chávez es el único amigo que le va quedando a Chomsky

El otro día leía que un tal Daniel Everett (antropólogo) escribió en un artículo que la tribu Pirahã carecía de la capacidad de "recursion" (supuestamente connatural al lenguaje, según Chomsky). Esta capacidad es la de poder integrar infinitas unidades de sentido dentro de una oración. La razón sería que el hábitat donde viven favoreció el desarrollo de un lenguaje que viola desvergonzadamente este dogma Chomskiano. Así que ahora hay más razones para que Chomsky sólo se dedique a hablar de política. Y que le ceda su cátedra en el MIT a Cornejo.

Una buena noticia para el fan club de Natalie Portman (comandado por F. Ceric): Nuestra actriz favorita ahora es la feliz co-autora de un paper de neurociencias sobre el desarrollo infantil. Cabe recordar que nuestra brillante ídola cursó Psicología en la universidad de Harvard. Ahora que Ceric y Portman tienen algo (más) en común, quizás se anime a invitarla a que nos de una charla de algo (cualquier cosa, nos da lo mismo).

El programa de esta edición se llama GenoPro y permite hacer genogramas de la forma más rápida y expedita. Tiene todas las opciones conocidas y conocibles y facilita la tarea a todos aquellos que alguna vez pretendan (o les pidan) hacer uno de estos infaltables diagramas. la dirección es tan sencilla como añadirle un punto-com.

Ya que hemos andado escasos de vídeos, para los fanáticos de Phineas Gage (Ceric de nuevo), la página de Neuroskills tiene varias animaciones descargables de distintas formas en que un cerebro es dañado. Explosiones, balazos, hemorragias. (No nos responsabilizamos por sus pesadillas).

Y para los enemigos jurados del Psicoanálisis, hemos tenido noticia (gracias a Rodrigo Farías) de la versión digital del libro "Decadencia y Caída del Imperio Freudiano" (Eysenck, 1985). Para que puedan juntar "evidencia" sobre la remisión espontánea de síntomas y echarle foca a papi Freud. (Y se juntan con la Jessy y forman un anti-fan club).

The Chimney Sweeping

Un ejemplo del Test de Rorschach
O sobre el poder seductor de los test proyectivos

Rorschach, palabra impronunciable para toda histérica promedio cuya lengua esté trabada; espléndido test para el inconfundible narcisista que precisa que le digan cuán maravilloso es (¡si supieran!). Y, pensando en el imaginario colectivo, se trata, sin duda, de uno de los distintivos más característicos de nuestra amada disciplina. Todo el mundo conoce el clásico “test de las manchitas” y para ninguno es indiferente qué pueda significar ver microondas volando, sangre desparramada u órganos sexuales de burro.

Pues bien, he de confesar que hace un par de semanas, un adorable psicoanalista, me pasó estas fascinantes diez láminas. Llegué seductoramente ataviada –ya que la liebre puede saltar en lugares insospechados, ¡y qué liebre era ésta, caray!–, a su consulta, ubicada en un coqueto barrio de Santiago, Este híbrido de uncle Freud y Apolo moderno, me invitó a pasar y, luego de haberme sentado y cruzado sugerentemente las piernas, me pasó la primera lámina. “¿Qué podría ser?” “Lo que tú quieras”, contesté orgullosa de mi ingenio, mientras noté cómo se le subían los colores... y quizás también alguna otra cosa.

Hubo láminas tremendamente perturbadoras, y otras, en cambio, sorprendentemente proféticas. Creo que fue en la tercera, en que vislumbré mi futura cita romántica con esa guapísima versión de Bion: definitivamente éramos los dos, sentados a la luz de las velas (por lo rojo), porque una de las personas representadas, sin duda, estaba en actitud coqueta y la otra tenía pinta de galán. Había una, diría que la cuarta, que era igual a un oso de peluche (por lo peludito) que me regaló mi siempre adoradísimo padre. Hubo otra que era espantosa, horrenda, ominosa, y sólo recordarla hace que se me crispe la piel; una que tenía una parte alargada y amenazante, y otra más redonda y con una hendidura profunda y oscura. So I began to explain what I saw, when the lovely young Coloma 2.0 was looking at me with a funny face: he said that my arm was absolutely paralyze and my words were quite strange... luego me desmayé. Las últimas, sin embargo, las de colores me encantaron y parece que a este Winnicott chileno también, porque cuando le conté que suelo usar colores tan brillantes como ésos en mi ropa interior, alcancé a notar un atisbo de acaloramiento en su cuello: una especie de vena hinchada y curiosamente palpitante.

Al terminar, después de casi dos horas, me despedí deslizando ligeramente mi mano por su espalda, mientras con la otra le metía un papel con mi número de teléfono en el bolsillo de su pantalón. Es que si en el Rorschach uno queda prácticamente en pelotas, sobre todo si es frente a la versión masculina y mejorada de la Klein, debía aprovechar el tiro y procurar que me invitase a comer y a bailar (casi lo mismo que sucede con las visitas al ginecólogo, pero eso ya es otra historia).

Es que sí, señores, el Rorschach no es indiferente para nadie. Sus coquetas formas, su adorable simetría y el seductor poder que se tiene al conocer su significado (psicólogos de cuarto año: regocijaos al tener la verdad revelada y el arma poderosa para leer mentes). Por mi parte, aún me falta la sesión de devolución, que será esta noche, with my charming psychoanalyst, en su estiloso departamento...


La pobre Annita alucinó con esta lámina...

La Revolución

Cuando entré a la carrera, proveniente de un ambiente bastante burbújeo – hay que decirlo – al principio, me asusté: “Ohh...” se decía el pacato novato de aquel entonces “acá está lleno de gente de izquierda... ¡qué susto!”. Pensé que estaba entrando a una suerte de Kremlin, lleno de “comunistas” y gente de ideas revolucionarias. Me habían contado el cuento que son personajes terribles, comeguaguas y violamonjas; que quieren que todo sea de todos y que sólo piensan en tirar... piedras. Afortunadamente, para mi tranquilidad y enriquecimiento personal, fui conociendo a estos “pensadores críticos” y el susto se fue desvaneciendo. En ningún caso fue por una aproximación al pensamiento revolucionario, ni por la amistad que he trabado con más de algún “compañero”, o por la comprensión de los ideales últimos de la crítica al sistema. Ya no les tengo susto a estos amigos, simplemente porque son revolucionarios de papel. Librepensadores – o quizás, libres de todo pensamiento – cuyas reales aspiraciones van más por una botella tibia de cerveza que por la tan clamada equidad. ¿Cómo querer cambiar el sistema si ni siquiera son capaces de levantarse temprano? (cfr. cualquier pasillo de la Facultad de Cs. Sociales un lunes a las 8:15 am) Las pretensiones, nobles sin duda, no se ven acompañadas más que de una retórica setentera, de navegados desabridos, de pañuelos a cuadros blanquinegros – así como árabes… – y de guitarreos solylluviosos. ¿Dónde está el esfuerzo y trabajo por sacar adelante los ideales? OK, nadie es perfecto ni dueño absoluto de sí mismo como para poder todo lo que se proponga, pero ¡compañero!: si usted quiere revolucionar el sistema, ¡parta por revolucionarse usted mismo! Si la revolución debe oler a “empanadas y vino tinto”, es notorio que la segunda parte la entendió clarito, pero le recuerdo que para la empanada hay que levantarse temprano para amasar, darse la lata de picar la carne y la cebolla y tras varias horas recién degustar.

¿Revolución desde la intelectualidad? Si, lógico, a mí también me gusta leer y dedicarme a hacer como que pienso. Pero, ¿no se da cuenta acaso, estimado compañero, que el sistema ya asimiló que la intelectualidad sea de izquierda? ¡La revolución ya es parte del sistema! Si no se revoluciona a sí misma, la supuesta crítica termina siendo cómplice del sistema tal cual es. Si usted, compañerísimo, quiere ser revolucionario, no estudie sociología: estudie medicina y vaya a meterse a una población a sacarla adelante desde adentro; no estudie psicología comunitaria, estudie ingeniería civil y trabaje en un municipio de escasos recursos. Pero “leyendo” a Lacan, Foucault o Baudrillard no va a dislocar las estructuras de poder. En el mejor de los casos, se va a marear un poquito y va a tener alguien a quien citar en las divagaciones del próximo carrete de jueves en la facultad (cfr. cualquier jueves tipín 19:00 en Sociales o Humanidades, o viernes desde las 16:00).

Sinceramente, todo esto me da un poco de lástima. Pues si bien claramente no comparto ni las ideas de fondo ni las perspectivas, sí valoro la actitud crítica, las ganas de cambiar lo que haya que cambiar – y de conservar lo que merezca ser conservado – y el trabajo duro por los ideales. Da lástima que la única alternativa al sistema esté en manos de esta nivel de abanderados, que – no me extrañaría en absoluto – tal vez terminen vendiéndose al tan vilipendiado sistema (con algo hay que pagar el carrete, ¿no?).

Los ideales se hacen realidad con trabajo duro y constante, sean del color o tendencia que sean. Y la revolución, sea en el sentido que sea, no es un Wild On Lenin! sino la concreción misma de las aspiraciones de un mundo mejor, de un mundo distinto, que sólo se realizan tras esfuerzo y renuncias. Pregúntenle al Ché Guevara, cuando renunciaba a su salario de Presidente del Banco Nacional. Lástima que esas actitudes sean lo que menos se ve por estos lares y tengamos que contentarnos con un marxismo aguado, un posmodernismo de cuarta, sin rigor argumental ni solidez de ideas. Una lástima, porque efectivamente, creo yo, otro mundo sería posible.

Revolucionarios del mundo, ¡revolucionaos vosotros mismos!

Mi amor sin instrucciónes

por Antonella Giannini

Alguien sabe dónde venden las instrucciones para el amor? Porque cuando me enamoré se me olvidó pedir boleta y ahora ¡no se donde quejarme!

Me dijeron que se servía solo (a mí me gustan las papas fritas), que entre sábanas sabía mejor y que movía al mundo (pero hasta ahora tan solo mis lágrimas han sido empujadas).

Pero el amor que me vendieron no tenía instrucciones. De pronto una oferta y ¡zas! El chileno lo quiere tener todo, para ostentar (la tristeza) parece.

Y ahora estoy sola (muy (in))felizmente. Es que a uno le dicen que Shakespeare era inteligente y se enamoraba…y una quiere ser inteligente también. Pero parece que en Europa hoy es de noche. Me dijeron que hablara con la luna. Pero… no sé… me molestan las estrellas observando. Mi amor fue silencioso y ahora no me gustaría contarlo. Pero las estrellas –que somos confiables; que te vimos nacer– ¡que la vida quiere ser piedra! Ese es mi sentido, ¡ser pierda! Buscamos trascender, así como las piedras, una huella como las piedras. Pero el tipo que compró una manzana y como no tenía sencillo la cambia por eternidad. Era lunes de fruta me dijeron. Y la serpiente agradecida le regala el amor. Me tinca que el tipo tampoco tenía boleta porque le quedaron debiendo.

¿Que me distraiga? ¿Que lo piense? Quizás porque nos dio por pensar que los días son ahora más grises, negros y feos. Quizás porque pensamos es que me entra una mugre al ojo. Quizás porque pensamos es que el hombre se cree demasiado por caminar en dos patas. ¡Que el amor, que la superioridad evolutiva! En momento como este es que me gustaría ser caracol. Pero ¡no! ¡Que lo piense! ¿Que piense qué? ¿Que no debí haber pensado? ¡¿Que no debí haber sentido?! Lo que ocurrió fue negligencia. Un amor de cuneta. Un día nos vimos. Otro día nos vimos. Nos vimos, nos vimos, nos vimos, nos vimos y nos vimos; nos hablamos, nos quisimos, nos amamos. Y ahora esto, sola y desordenada.

La otra vez una estrella (la de arriba la de la derecha de las tres marías) me dijo que el universo era yo. Que todo lo era yo. Y que por ende, la respuesta a todo mi sufrimiento estaba dentro de mí. ¡Nadie dijo que las estrellas fuesen inteligentes! ¡Sí! Yo conocía mi dolor: pelo enrulado, estatura media, vivía en pocuro 554 y dormía en quinchamalí 2489 al lado de otra (es que hacía frío me dijo… igual estaba lloviendo). Pero no quería pelear así que le dije que lo haría. Al día siguiente busqué en mi espejo una respuesta, le preguntaba y le preguntaba, pero hablábamos al mismo tiempo así que no nos escuchamos. ¡No nos escuchamos! ¡Eso era! Yo le decía que lo amaba y ¡él no me escuchaba! A veces le mostraba el alma pero quiso ver tele. Luego me leía un libro y de nuevo el alma que se me iba en los zapatos.

Siempre íbamos a un árbol. Era hermoso. Gigantesco. Me dijo que nosotros éramos como el árbol. Él era el tronco, la simple leña que se completaba con sus hojas. Me dijo que me quería y que yo sería las hojas y los frutos. Darme cuenta tarde lo cruel del invierno con mis hojas.

La co-lumna

>Hoy: +/-

Exponer-se

“Revolucionarios del mundo ¡revolucionaos vosotros mismos!”, versa el final de la columna de nuestro “nuevo” habitué en el pasquín –veterano en la escuela– mr. Cristian Rodríguez.

Creo que por primera vez estoy de acuerdo con la puesta en escena de sus escritos –debo decir, que sin embargo de él he visto muy pocos– luego de estar en abierta oposición a su utopía planteada a través de la cuncuna amarilla (véase El Esquizoide, abril ’07).

También le he dado un vistazo a la columna de Anna O. que por estos días –hay que decirlo– anda como loca. Atrás quedaron sus tímidas reflexiones librescas, y hoy se jacta de las más sórdidas vivencias personales.

¿No es que a todos nos pasa un poco eso?

Quien escribe, debe reconocer durante el semestre en curso… una pérdida de fe en las fotocopias, y una vuelta a la vida misma (que en la práctica se traduce en: - lecturas, + horas de sueño / - clases, + vida).

Sé que ya varias veces le he dado vueltas un poco al mismo tema, recalcando que la teoría no es palabra sagrada, y que funciona en la mente de los doctos, pero no en la vida de quienes serán tus futuros pacientes –al menos no intacta–. No es renegar de ella, sino devolverla a su sitio, como abstracción necesaria pero insuficiente. (lo sé, lo sé… esa es una gran frase cliché… pero se entiende).

Hace poco leía un artículo en una revista, acerca de la reciente publicación en español del “Libro Negro del Psicoanálisis”. Las críticas a esta perspectiva teórica, las leí con curiosidad, pues “casualmente” es una teoría con la que simpatizo. Entre otras cosas, se le imputaba a Freud el crimen de inventar a los celebérrimos protagonistas de sus escritos (aprovechándose del secreto clínico, por medio del uso de seudónimos), aquellos que habrían sido beneficiados con “la cura del habla”. Los ataque más suaves, decían que de ninguna manera los había inventado… sino que nada era cierto acerca de esos casos: que jamás habían sido curados.

No faltaba en ese artículo, el testimonio de la joven que luego de seis años de un psicoanálisis infructuoso, había sido curada por una terapia cognitivo-conductual. Sólo se me viene a la cabeza, que quienes se afanan en buscar las incongruencias teóricas, los vacíos conceptuales (que por supuesto que los hay), en vez de buscar, intenten. Que se ahorren tiempo de lectura (y agreguen horas de sueño), y vivan una terapia psicoanalítica. [ – libros, + experiencia ].

Ya basta de vivir la vida con intermediarios. Y en vez de exponer las cuestiones, expongámonos a ellas.

"Doctor … ¿por qué no me enchula el alma? (Resp.) ... Porque el que esté libre de toda tranca, que lance la primera interpretación".

Me parece interesante el apreciar como un mismo modelo teórico que en realidad tiene múltiples vertientes y que de alguna forma intenta a veces a pie forzado ser un cuerpo unificado de teoría y de estrategias de intervención, es apropiado por los diferentes terapeutas de diversas maneras, en distintos niveles y con diferente grado de profundidad y compromiso. La primera impresión que se me viene a la cabeza a propósito de la labor que realiza el terapeuta, es la de un artesano o un artista plástico que trabaja por ejemplo la pintura, pero abordada de las más diversas maneras y no solo eso sino que además mezclando estilos, materiales y formas de acuerdo más bien a la creatividad y más aún, a la camiseta valórica que cada uno puede traer a la mano. Al parecer, algunos basándose en la pintura como analogía por ejemplo a lo sistémico, son más impresionistas, otros más cubistas, otros más realistas, y además siendo más o menos ortodoxos con la técnica expresiva de base que en algún momento han elegido como forma de canalizar la manera en que el arte es vivenciado. Además, junto a lo anterior, continuando con la misma analogía, no sólo aquella expresión se desarrollaría únicamente a través del óleo, la tela, la acuarela, la tempera etc. Todos los terapeutas que conozco, a mi juicio, desde un punto de vista epistemológico por así decirlo, combinan los materiales señalados con el cartón, yeso, arcilla e inclusive con el cholguán. Cualquier combinación de técnicas y estilos parece ser apropiada cuando de fondo existe una coherencia que sustenta el accionar terapéutico, o se tenga la ilusión de que existe una, a la hora de abordar un problema clínico.

El pequeño gran detalle, es que la subjetividad del terapeuta es realmente la base orientadora que lo impulsa por ejemplo, a elegir atender a determinados pacientes y no a otros, que lo impulsa a adoptar determinado estilo y determinadas técnicas y no otras, llámese narrativas, paradojas, confrontación, pautas, etc, como verdadero fundamento que orienta su comprensión de las personas, de la realidad y evidentemente de sí mismo, independientemente que exista de aquello un darse cuenta más menos elaborado. Desde este punto de vista, no llama la atención que algunos mezclen diferentes paradigmas tales como lo sistémico con lo gestáltico y lo cibernético, lo constructivista con lo psicoanalítico e inclusive con lo cognitivo conductual, etc. Al parecer, cualquier cosa puede ser válida para hacer calzar el modelo de vida personal con el ejercicio de la Psicología y no al revés. Y no necesariamente es malo, el problema es cuando se confunde por ejemplo, la obra de Melanie Klein con el Corán, o cuando a los profesores y autores les viene un delirio místico y se creen Juan Bautista y/o Jesucristo, respectivamente (sin mencionar de plano a los que no se bajan del Olimpo).

Por todo lo anterior, quiero plantear (ya que es el leit motiv de este artículo) que lo más delicado a mi juicio, es que un terapeuta, no esté absolutamente consciente y no se haga cargo de la articulación entre su subjetividad y el o la combinación de los modelos teóricos y técnicos que ha elegido, o que precisamente, la mezcla luego de salir de la licuadora sea la de alcachofas con porotos, en un mismo plato.

En este sentido, me parece obvio concebir que todos los modelos tienen sus limitaciones, por la sencilla razón de que cada modelo, fue creado y adquiriendo forma de a poco por autores de carne y hueso que también tenían y tienen sus formas de apreciar la realidad y sus propias limitaciones también. Modelos que después han sido apreciados por otros terapeutas con sus propias limitaciones humanas y con su particular forma de percibir la realidad. Parece de perogrullo y trillado decir a estas alturas del partido, que como psicólogos la herramienta de trabajo esencial es uno mismo (y eso que uno también va cambiando), pero a mi parecer, es una de las pocas certezas con la que en realidad contamos, considerando que todas las teorías están en permanente transformación y de que ninguna, en conjunto ni mucho menos por sí sola, resulta ser el santo grial ni la piedra filosofal para la comprensión y el aplacamiento del sufrimiento humano.

Futuros colegas, la invitación es a que estudien con fervor cada aspecto de la mayor cantidad posible de paradigmas y técnicas, sin abanderizarse y/o bajarse los churrines a la primera por alguno o algunas en particular, tampoco necesariamente, a la hora de estar frente a frente con los pacientes, mezclen tomates con tuercas y más bien tengan en consideración que la calidad del vínculo terapéutico (alianza de trabajo entre terapeuta y paciente), es lejos el aspecto más trascendente respecto del éxito de una psicoterapia. Además, considero fundamental hacerse consciente y responsable de la subjetividad que sustenta la elección de nuestro estilo y tanto o más importante que todo lo anterior, les sugiero ejercitar la humildad personal y también respecto de los reales alcances de nuestro quehacer profesional (bastante más modestos de lo que uno quisiera).

Lo curioso es que aunque he querido, hasta ahora, jamás he podido ni yo mismo cumplir a cabalidad con todos estos aspectos recién mencionados. Debe ser porque sencillamente, soy otro terapeuta de carne y hueso, con bastantes limitaciones, defectos físicos y psicológicos junto a una particular visión de la realidad.

Bueno, por ahora es todo cuanto puedo informar. Adelante estudios.

Víctor Hugo Frigerio
Ser humano y Psicólogo.

¿Para qué sirve un psicólogo?

(reflexiones de comienzos del fin de una Carrera-Javiera)

“Así que en quinto año… o sea ya estás por salir”, me dijo la cajera del súper hace poco (había poca gente y alto aburrimiento). Sí po, respondí con soltura… pero, ¿qué significaba eso? ¿iba a acumular más puntos? ¿me harían un descuento? ¿lo que yo dijera iba a impactar de mejor manera? ¿eso me hace ser más popular y/o más regio? Pff, nada de eso. Al contrario, estoy en Quinto, cada vez más viejo, fome y achacoso, con enormes dudas sobre la carrera y su efectividad y en búsqueda de una práctica en la que no sé que hacer.

Todo se remota al ahora lejano año 2003, llegué del sur con mi canastita de mimbre cargada de ilusiones, mal que mal estudiaría una “buena carrera” en una “buena universidad”, todo ok! Los primeros años eran medio fomes, pero sabía que después vendrían años mejores (cuando yo entré el lema de la PUC era “el comienzo de tus mejores años”). Perdía el tiempo defendiendo a destajo a cualquiera que se atreviera a decir “que la psicología es un arte y no una ciencia” o “que las psicoterapias no sirven pa na”.

Pasaron los meses y leía a miles de autores, los controles se trasponían unos tras otros y me empezaba a aburrir, ¿qué hacer?… ¡un pasquín! ¡Sí! Eso me calmó por un rato. Algunos de mis compañeros decían “parece que no es tan buena esta carrera” (esos eran los más revolucionarios, una suerte de che guevaras psicológicos) y ahí empezábamos a elucubrar soluciones ¿es por qué no hacemos prácticas?, ¿por qué vemos a un paciente recién en 4º? <- aquí uno se da cuenta que la función de un psicólogo se remite a llenar fichitas para un psiquiatra, que es quien realmente la lleva: Gana más plata, se parecen a la gente de NipTuck los más jóvenes o a Freud los más viejos, dan pastillas y licencias médicas (que es lo que importa al final) y ¿qué hace uno como psicólogo? Algunos recurren al psicoanálisis con sus absurdos teoremas de que si digo algo en contra de ellos estoy en verdad negando mis propios conflictos. Otros se lanzan con las teorías sistémicas, etéreas casi siempre, incluyendo tantas variables que parece que después quien realmente estaba enfermo era el perro de la “nana” (<- recordemos que estamos en la PUC). Los más rudos e ilusos dicen “yo saco lo bueno de ambas teorías” (nunca entendí bien como se logra esto). Pero cuando las papas queman, cuando un tío te pide un consejo o una persona como la cajera del súper, mujer aproblemada, deprimida, con sueldo bajo y Transantiago. Recuerdas tus años de carrera, recuerdas en tu mente tantos libros leídos, tantas Siquieres de Ocampos, tantos Hernández, Fernandez y Baptistas y tantos otros próceres para que al decir con toda la propiedad del mundo que te otorga ir a las clases de los mejores psicólogos del país dices simplemente “oh, que mala… pucha ojalá te recuperes” (frase ultra escuchada por mí) <- ojalá te recuperes… qué??? ¿Acaso nos creemos una suerte de dama de blanco? ¿Una especie de afiche? No, todo mal, muy mal.

La cosa en las demás especialidades no deben ser muy distintas… de laboral es donde menos sé, pero es probable que la desesperanza sea alta. Porque ¿cómo se integra ahí la psicología cuando lo que se busca es lograr tener un em bi ei (MBI)? Por educacional, mejor que ni me pregunten, tantas fichas, tanta pega… para qué ¿para rogar que por favor te acepten en algún colegio? ¿para pasar los años tratando de convencer que contar con un psicólogo siempre es relevante y crucial? Si eres exitoso lo que vas a buscar es largarte de este país y punto.

En fin, la psicología es como el viejito pascuero, existe para el que cree que existe. Así nuestra función es lograr que siempre los problemas de la mente estén presentes, aportar cada día más con jerga para que otros la ocupen: Edipo, introversión, mente, memoria, motivación, masas de gente, etc, etc, etc. Me contaron alguna vez por ahí… que a los 3 meses en general los síntomas de una persona con “psicopatología” remiten solos. Yo leí que el porcentaje de mejora de una persona que va al psicólogo. Hay que crear como dirían mis amigos psicoanalistas “la fantasía de la cura y la enfermedad” si no este sistema colapsa y arrastraríamos una cesantía onto y filogenética. (A todo esto… el metro en este último tiempo está pasado hediondo a filogenia)

Y a mi abuela que alguna vez me preguntó: Mijito ¿y para qué sirve un psicólogo? Hoy le tengo la respuesta…Un psicólogo no sé pa que sirve… supongo que para nada o muy poco.

* dedicado al profe Coloma… quien dijo que la psicología educacional, no era servía pa na… Simplemente usted tenía razón, sólo que olvidó agregar al psicoanálisis y todas las teorías terminadas en “…ista” (y si, no tuve clases con él y ¿que con eso?)

Con cariño,
Jaime Balladares H

(*) Si está en primero o con crisis vocacional, ¡favor no leer!

P.S.: ¿Por qué en todas las cosas que escribo tengo que poner P.S.? ¿por qué no escribí alguna frase en otro idioma como la mayoría de la gente que escribe en este pasquín? ¿por qué hay días en que me levanto con un enorme impulso a citar con Apa? ¿por qué siempre tengo que responder “depende” cuando me ponen en dilemas psicológicos? ¿por qué si los ayudantes de la escuela hacen más pega que los profesores ganan en proporción un 0,000000001 del sueldo de un docente?

Pisco-teando

por A.

Estoy con B sentado en el borde de la pileta que está al medio del patio. Son como las seis de la tarde y ya está oscuro. No hay nadie dando vueltas, probablemente por el frío.

B me pasa un pito y comienza a hablar. Me dice que en esta escuela no se puede alegar. A la primera queja, a la crítica más nimia, eres un "resentido". B hace el signo de las comillas. Estás obligado a conformarte con todo. Con clases malas, con profesores indeseados, con la gente, con las "tremendas" ganas de las personas de hacer cosas. Te conformas o eres parte de un submundo de "resentidos" que echan a perder la imagen de Disneyworld que tiene la PUC.

Sale alguien de la Crisol y nos mira. Ni siquiera hacemos el intento de esconder la fuente del olor que atrajo al mirón. De hecho, aunque lo hubiésemos querido no lo habríamos hecho. Nos distrajimos tratando de oír una música que sonaba en alguna parte. Miramos hacia arriba y vemos luces prendidas en el tercer piso.

Cuando terminamos de fumar caminamos hacia la Escalera de la fachada. Esa que súper poca gente usa y que está tapada por un árbol. No sé por qué nos dimos esa vuelta extraña. Quizás de puro volaos. Llegamos al tercer piso y no hay nadie. La sala de los computadores ya está oscura. Caminamos hacia la puerta de vidrio que da hacia las oficinas de los profes. Por supuesto, está cerrada. ¿No es infame?, pregunta B mientras apunta al citófono que comunica con los profesores.

Adentro se escucha reggaetón y vemos a Alvarito que se asoma por la puerta de una oficina. Le hacemos señas para que nos abra. Aquí está todo pasando, le digo a Alvarito apenas nos abre y él nos hace un gesto como dicendo pero por supuesto.

Venimos a que nos enseñes un paso, dice B. Alvarito se entusiasma al tiro. Nos muestra unos movimientos de lo más vacilones. B le sigue el ritmo pero a mí no me resulta tan bien. Mira que aprende rápido, le dice Alvarito a B. Nunca te podremos superar Alvarito, tú eres el dios. Ya lo sabía hermano, le responde. Nos reímos, aunque probablemente sea más efecto de la weed que de la situación.

Ahora yo te enseño a ti. B se acerca a la radio para cambiar la sintonía. Esa música es súper vieja po, digo yo. Cállate, me responde ofendido, no ves que es un clásico: Ella Fitzgerald con Duke Ellington. Inmediatamente capta el ritmo. Por la pura cara se nota que está en las nubes. Y aunque Alvarito le intenta copiar algunos pasos, se nota que B no se da ni por enterado. Aparte, Alvarito recurre constantemente a sus movimientos reggaetoneros lo que demuestra que sus dominios son claramente otros. Cada día se aprende algo nuevo, admite finalmente cuando la música se termina.

Un rato después vamos caminando hacia el metro. A Alvarito lo dejamos ordenando.

– Nos podríamos haber fumado uno con Alvarito.
– ¿Tú crees que fume?
– ¡Demás que sí! Imagínate fumarse uno con Alvarito en la oficina de Haye. Y que de pronto llegue Haye y nos convida de su cosecha.

Nos da un ataque de risa. Pero Haye no fuma. Y Alvarito tampoco. Al menos no en esta historia.

Espera, digo, déjame sacarle una foto a Baticristo. Saco la cámara. ¿Qué onda? Me sale corrida. ¿Qué cámara es?, pregunta B. Una Nikon Coolpix. Son malas esas, me dice. Son como las que usa la niñita del comercial de Cybershot, donde un loco se tira en bungee, Nunca salen como tienen que salir.

Cállate resentido.

B se ríe.

Seguimos al metro teorizando sobre el origen fenicio de la escultura de Baticristo. O que la hizo Tim Burton para la última película de Batman que nunca logró terminar. O que la desenterraron viva y la tuvieron que crucificar antes de ponerla en el pedestal.

Pasamos el torniquete del metro. B me pregunta: «Si tuvieras que irte en un metro repleto, más apretado que una sardina, y después tuvieras cambiarte a una micro más llena todavía y te demoraras una hora y media en llegar a tu casa, ¿qué serías?» Lo pienso un rato. ¿Un wn con mala cueva? No, me dice B, serías un resentido.

Le sonrío.

Nos despedimos y B toma la escalera derecha.

mayo 28, 2007

Conmemoración

En la edición de noviembre del año pasado, Diego Catalán se refirió a un bochornoso incidente que ocurrió en nuestra Escuela. En dicha oportunidad, un grupo de alumnas tomó fotografías de muñecas que aparecían realizando las más comunes labores de todo estudiante de psicología (sacando fotocopias, hablando con Bernardita, estudiando, etcétera).

La verdad es que todo quien vio la exposición parecía concordar en que estaba muy bien lograda y uno podía ver gente sonriéndose a sí misma mientras miraba la colección de fotografías pegadas a lo ancho de la fachada de la sala de estudios del segundo piso.

El problema de esto vino después, cuando de un momento a otro desaparecieron dos de las fotografías de la colección: aquellas donde las muñecas aparecían administrando un Rorschach y un WAIS. Cuando se quiso indagar en el tema, trascendió que una profesora de nuestra Escuela se indignó al ver estas imágenes y sintió que en ellas se jugaba algo de lo más profundo y secreto de la psicología. Por ello, mandó a sacar inmediatamente las susodichas fotos. Lo más feo de todo esto es que a las autoras ni se les informó y sus obras fueron requisadas de un modo más o menos grosero.


La señora del quisco frente al Templo no sospecha el peligro que corre su vida

El argumento de que "en ninguna circunstancia deben develarse las imágenes secretas del Rorscahch" o siquiera "mostrar la configuración de los cubos del WAIS" convenció a algunos menos que a otros. En su columna, Diego Catalán nos demostró que encontrar las tan celosamente guardadas imágenes del Rorschach era tan simple como ingresar a Wikipedia y escribir: "Test de Rorschach".

Esta columna está dirigida a conmemorar el bochornoso incidente. Y para aquellos que están interesados en ver cómo lucen realmente las láminas del Rorschach les paso el dato: dense una vuelta por el quiosco que está frente al Templo. En uno de sus costados se exhibe flameante la publicación "Psicología y Sociedad", en cuya portada aparecen las 10 láminas del afamado test en perfecta resolución.

Sólo espero que en las próximas semanas no veamos a la viejita del quiosco con un ojo morado, o que alguna profesora monte una colecta para recaudar fondos con el fin de comprar la tirada completa de esa revista. No vaya a ser que los legos se aprendan el test de memoria por una prolongada exposición a los puestos de diario.

La evidencia flagrante del atentado contra los secretos de nuestra disciplina...

mayo 21, 2007

Asado de Escuela

¡Y por fin llegó el día! Tras semanas de arduo trabajo y conversaciones, el viernes 18 se realizó el tan esperado por muchos "Asado de Escuela" Y cómo no iba a ser tan esperado, si existen tras él una serie de creencias y leyendas acerca de asados de escuela pasados, que van desde el origen de las ensaladas, hasta las metamorfosis de compañeros, profesores y funcionarios que podemos ver ahí. Quizás los más sorprendidos y expectantes eran nuestros compañeros de primero, que sólo habían oído las historias, pero no habían vivido la experiencia, hasta este viernes (Ahora a ellos les espera prontamente el Psykus...)

Fueron más de 6 horas con una alta convocatoria. Más de 360 minutos de música, comida, diversión y conversación que nos permitieron compartir en una faceta más cercana y revivieron la tradición. Todos los miembros de la escuela invitados y muchos de nosotros, reunidos allí.

Entre quienes participamos en la organización del asado, recorre un sentimiento de alegría y satisfacción por la amplia acogida que tuvo, y esperamos que esto se siga repitiendo a futuro. Hay harto movimiento recreativo en la escuela, como también político y cultural. Se han realizado varias actividades y se seguirán haciendo. La invitación y los espacios están, entonces sólo hay que interesarse y participar.

Un abrazo,

Marcela Ossio.
Sub encargada de Gestión y Planificación
Centro de Estudiantes de Psicología

mayo 01, 2007

Eskizorial

En un lugar de la PUC, cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que había un profe, de vieja escuela, impartiendo una tradicional disciplina. El nombre de este docente, tampoco me lo recuerdo muy bien. Pero no importa, no ha de ser muy importante. Sólo escuché por ahí algunas anécdotas que se le atribuyen, aunque no me extrañaría que fueran algo así como los poemas atribuidos a Homero o los discursos a Sócrates.

Por mencionar algunas de estas historias, se dijo que cierta vez lo invitaron a hacer una charla sobre una película coreana en el auditorio de Letras. El profesor habría dado algo así como "jugo" y la gente que esperaba algo así como una expresión mayéutica, o una linda asociación (quién sabe) se habría quedado con la ganas (y/o la decepción).

Otra anécdota cuenta que dicho profesor habría sido convidado a un simposio para hablar de temas profundos y/o interesantes con otras grandes mentes (los Thales y Anaximandros de la posmodernidad). Y en último momento, los organizadorceps habrían cancelado el evento sin informarle al susodicho. Por supuesto, se armó la grande: el profesor se habría sentido pasado a llevar. Y algunas fuentes agregan que el ego de este profesor no era lo que se dice "pequeño", entonces... imagínense.

Pero bue, así como se le erigen monumentos al soldado desconocido -el máximo héroe nacional- quisimos dedicar esta edición a nuestro máximo héroe psicológico, un profesor ignoto, depositario de todas nuestras más descabelladas fantasías.

Y para aprovechar el momento de máxima solemnidad, aprovechamos de invitar a todos nuestros lectores (desde Arica a Punta Arenas) a seguir todas nuestras aventuras esquizoides en nuestro blog: el-esquizoide.blogspot.com, que queda inaugurado desde este momento.

Conejos de Coloma

Cultura Psi

Quién hubiera imaginado que el profesor desconocido también tenía sitio web. Es cosa de poner las siglas de su nombre y darle un punto-ce-ele para ingresar: http://www.jmca.cl/

Y lo que es parecido, pero no lo mismo es su blog (donde fue un poco menos original en escoger el nombre): http://jaimecoloma.blogspot.com/

Si bien no logramos hallar registros de este profesor en YouTube [aunque sí había de su hijo], encontramos algo aún más sorprendente. Un vídeo en el que Lacan es recibido por una audiencia, nos sugiere mortíferamente a las clases de Teoría Psicoanalítica pasadas por el cedazo de una fantasía narcisista. Busca por lacan+louvain

Y para todas los fanáticos de Anna O. que anhelan tener una sesión con el susodicho, pueden conversar en sus tiempos libres con un sucedáneo (el Dr. Abuse) que atenderá sin demoras, todas sus inquietudes del alma: http://www.psicoactiva.com/abuse/drabuse.htm

Psicoteando

Juanjo – Raúl, perro, ¿cómo estamos? A que no me vas a creer lo que pasó en conductual el otro día.

Raúl – Wena socio. Vo’ vai a ir a conductual po, seguro. ¿Tení con Repetto?

Juanjo – No, no si ya lo hice, pero me contó un amigo, que estaba en mi colegio, que hicieron un mini test para ver cuales eran las preferencias de los alumnos con las escuelas de psicología y ¿sabí cuál era la mayoría?

Raúl – Mmm, a’er se supone que por cantidad de publicaciones, lo que la lleva es la teoría cognitiva, pero, por otro lado, en la escuela figuradamente el falo vendría siendo Coloma, y por último no faltan los admiradores incansables de Cortés, Gissi y el estrafalario de Recuero, onda grande Rogers, jajaja.

Juanjo – Viste que estái perdido, no cachái ni una. Salió mayoría, escucha bien, ¡con duc tual! ¿Cómo quedaste con esa?

Raúl - ………. Qué divertido, es que me acabo de acordar de un mito de la escuela relacionado justamente a ese ramo.

Juanjo – ¿La dura? Te sabí cuanto rumor hay en los pasillos, aaah.

Raúl – Pon atención: supe el otro día de boca del mismo protagonista de la historia, que en una de las clases de conductual, hace un par de años, este personaje figuraba jugando nada más ni nada menos que ajedrez en plena cátedra. La cosa es que en pleno juego se levanta un pelmazo que estaba en las cercanías y les bota el tablero y las fichas salieron repartidas a los pies de la profesora en cuestión.

Juanjo – Noo, ¿quién fue ese? Se pasó, y ¿qué onda?

Raúl – La profe es tan buena onda que les ayudo a recoger las piezas y ni siquiera los puteó.

Juanjo – No, qué mentira, ahí se fue en volá el que contó la historia, ¿cómo tan pacífica?

Raúl – Así me llego la historia no más. Pa’ que cachí, que Coloma ni que nada, grande Repetto, eso sí que es tener templanza. Imagínate que después los susodichos seguían jugando ajedrez en las clases siguientes pero con ajedrez con imán.

Juanjo – Jajaja, para con las mulas. Aunque si eso verdad, hay que decir que igual fueron precavidos, y considerados; porque no van a estar haciendo agacharse a doña a recoger las piezas todas las clases ¿o no?

Raúl – Demás. Ya cabro, me voy pa la casa a estudiar.

Juanjo - Dale, yo también me voy, ando en auto. ¿Te tiro?

Raúl – Vale igual, pero me gusta el metro. Chaus.

Juanjo – Él, el del pueblo, jajaja. Chau.

The Chimney Sweeping

Especulaciones forzadas
O sobre una adorable Colomina

Pues bien, mientras escribo estas líneas, figuro en uno de aquellos abyectos ramos, cuya capacidad para elevarte a la ionosfera supera con creces la de ciertas yerbitas tetrahidrocannabinolosas, aunque claro, sin sus efectos lúdicos asociados. Así, cuando la asistencia es inevitable y el aburrimiento un requisito, se da el escenario perfecto para caer en el maravilloso ámbito de la especulación y montar mi teatro privado, imaginando mundos posibles al más fiel estilo de efecto mariposa. Ahora bien, no es preciso ir muy lejos para encontrar el material destinado al argumento del guión. Es que esta misma Escuela da para mucho; después de todo, es probable que no exista lugar que concentre tal variedad de peculiaridades. Y me remito sólo a su escultural cuerpo docente.

Las preguntas dan para largo. ¿O acaso me van a negar que jamás han pensado en las coquetas patillas hayesianas? ¿Qué tal será tener a la Ety como suegra? ¿Sabrá Reinoso que existe un fan club femenino en su honor? ¿Quién asesorará a Recuero en su modo de vestir? ¿Las laberínticas y horrendas pruebas de Rosas serán un experimento de Armijo para evaluar la tolerancia ante el sadismo? ¿Cómo habrán sido los años de estudiante de Bernardita? ¿Habrá sido el propio Cornejo quien corrió el rumor de un tórrido romance con la Marcela Vacarezza?

Y la cuestión de todas las cuestiones ¿qué habría sido de la humanidad si Coloma, en vez de ser Coloma, hubiese sido una adorable Colomina? Si consideramos que “la anatomía es el destino”, el tema no es menor, sobre todo si tan popular personaje usase tacos altos y rimel. Es que our lovely psychonalyst, todos lo sospechamos, habría sido una histérica de proporciones. Quién sabe, tal vez hubiera sido una especie de Melanie Klein wini-lacaniana, pero con estilo y encanto. Porque hay que decirlo, si alguien tiene estilo en la Escuela it is this psychonalyst: es cosa de ver su caminar pausado y el cuidado que pone al vestir, sus movimientos y tono de voz. Y sí, sin duda, hubiera sido el centro de atención indiscutido si, en vez de temerle a la castración, hubiese envidiado el pene. Quizás habría embobado al ganado masculino al pasearse por los pasillos fumando su pipa (¡ni hablar de su puro!) y bamboleando su graciosa anatomía, y es probable que sus clases se llenasen aún más, y que uncle Freud and Herr Heidegger hubiesen sonado de modo más sexy en sus supuestos féminos labios. Después de todo, el narcisismo femenino es canalizado, no con intelectualización, sino que con coquetería. Así, si el personaje en cuestión ya se maneja bastante bien en esas lides, ¡imaginad si su destino le hubiese deparado un cuerpo de mujer!

Entrar en aquel mundo posible, inevitablemente trae más preguntas ¿Qué tan malvado o bondadoso pudiese haber sido su pecho? ¿La entrañable Colomina hubiese sufrido de urticariosas parálisis conversivas al leer el DSM-IV? ¿Se habría convertido el psicoanálisis en su falo? ¿Habrían sido sus clases poseedoras de aún más histrionismo, asemejándolas así a un café concert cocolegraniano? ¿Hubiese resuelto la interrogante de Schreber sobre la idea de que habría de ser muy agradable ser una mujer en el momento del coit...?

¡Basta! Muchas preguntas quedarán eternamente en el tintero; ya he hablado en demasía y es el momento de comenzar a reprimir, after all, I see him every week, class by class...

Recuerdo los “nudos borromeos”, las “bandas de Moebius”, los S1 y S2 imbuidos de la lógica del amo (que son aquellas uvas bien grandes sin pepas de exportación) y del esclavo (las pasas, por ejemplo) y la condición del objeto “a” (ya entramos aquí en un juego más rebuscado de mixtura de cepas, hablemos, por ejemplo de la intersección vitivinícola de Cabernet Sauvignon, Syrah y Carménère). Recuerdo por sobretodo, “la gran uva” tan sacada a colación por mi profesor (además de sommelier) de Pisco-análisis, en mi carrera de Pisco-logía de una prestigiosa universidad de Santiago. Recuerdo que este profesor de sesenta y tantos, seguía vigente en las conversaciones de cualquier pasillo...más de una vez vi escrito en las puertas de los baños: “C. está como el vino” (algunas más osadas grafiteaban que estaba ardiente como el pisco!)... y en más de una ocasión muchos chicos lo perseguían en el recreo para aclarar dudas (de por qué los vinos de reserva con sabor a cereza, si no eran preservados a 17-18° C se convertían en un pasado radical; de por qué “la gran uva” estructura de tal manera al Brandy, que lo hace diferenciarse del Pisco por el aguardiente...ah, y también alguna vez escuché a alguien preguntar en la escalera hacia la sala de clases: “¿Cómo Sigmuva Freud hubiera destilado a una uva histérica para conseguir de ella pisco sour?”). Mientras todos nos ibamos a casa cuestionándonos el porqué de que a Whiskyhegel no se le saturara la nariz al beber alcoholes en estado puro o con la cabeza en los aromas maderizados que nuestra carrera nos obliga a descrifrar, él seguramente se iba, escondido, a pisar las uvas que estaban en grandes toneles en el patio trasero de la universidad, cerca de las canchas (seguramente evocaba las vendimias pasadas en sus tantos años de vida). De hecho, una vez parece que lo descubrieron en una situación indecorosa que escandalizó a la administración. Lo que llegó a mis oídos fue la siguiente escena (si gustan pueden recrearla en sus mentes): “C. fue visto en la bodega AM-1 a altas horas de la noche, sentado sobre un barril. Se dice que escuchaba silenciosamente como una uva se desprendía de una rama de parrón que el sostenía en la mano”. Algunos optimistas pensamos que investigaba casi como un asceta acerca del estrés post-traumático que puede padecer esa fruta al caer de su viña. Otros mal pensados buscaban que fuera encerrado en un loquero (“que no podemos permitir de docente a un tipo como este” “que marchemos por la universidad para que lo saquen” “que antes era tan destacado y ahora, mírenlo... arriba de un barril!” y cosas por el estilo que muchos como yo, que creemos hasta hoy en su maestría, no pudimos evitar).

Bueno, tras algunos días de carabineros en la universidad, huinchas de “peligro” por todos lados, ambulancias y peritos criminalísticos que nos preguntaban acerca de cada cosa que hacía C. en aquellos, sus días “normales” de universidad, este gran personaje fue encerrado. Sí, en un psiquiátrico. En este momento debe estar en un cuarto de paredes acolchadas, haciendo que sus días sean menos reales que sus oníricas noches. Por mi parte y todos los que lo apreciamos, no nos queda más que la incertidumbre..., aunque si sirve de algo, dicen que está siendo tratado con terapia psicoanalítica por un gran conocedor del tema... un tal Jaime algo, que hace clases en otra prestigiosa universidad de la zona sur de Santiago.

La co-lumna

>Hoy: Sabiduría Popular

Otra cosa es con Guitarra

Hay pocos términos que me divierten tanto como el esfuerzo nosológico de la mismísima psicología. Esa ciencia humana, que en su afán de aprehender al sujeto, se ha hecho una jerga absolutamente ajena a lo que es el día a día.

Que la “edad de la segunda obstinación”, que la “búsqueda de identidad”, “que la resolución de la crisis intimidad v/s aislamiento” –que-las-ocho-etapas-de-Erikson-con-su-fuerza-
sintónica-y-distónica-que-el-ritualismo-y-la-ritualización-. “Aaaaaahhhh, es que está en la edad del pavo”. Y ¡Voilà! Todos entendimos perfecto... y no hicieron falta llenarnos de explicaciones complejas y palabras estéticamente científicas.

Y es que la psicología debería tener menos pretensiones de ser una ciencia dura y nutrirse más de la sabiduría popular.

La psicología intenta recorrer la senda del cientificismo con los pies descalzos, porque su pecado –su vergüenza- es ser absolutamente humana... imperfecta.

“Dime de lo que te jactas, y te diré de lo que careces”.

La Psicología tiene tejado de vidrio. Y punto.

Que todos esos términos –esos estéticamente científicos- se queden en nuestra cabeza, y que sepamos bien cuando estamos en-el-mundo... porque las fotocopias sirven, sí... los conceptos sirven, sí... la teoría sirve, sí... pero no seamos ingenuos... otra cosa es con guitarra.

Ciento veinte pipas [extracto]

A mí me lo describieron así...
Serjov
A los narradores de lo real
Duab M’ir

Con un movimiento tan cuidadoso como sutil cambiaba la delgada página repasando una vez más la tan adorada cita: “la conciencia es sólo el círculo más pequeño en medio de otro mayor, –cuyos límites no conocemos, le gustaba agregar– que es el de lo inconsciente.” A sus sesenta y cinco años, hombre portentoso, podía decirse un eximio conocedor de diversos métodos de persuasión, y se vanagloriaba de no haber perdido nunca una batalla. Sus alumnos, era la costumbre, presentaban cierta resistencia al principio, que no tardaba en doblegar a fuerza de un dominio casi innato sobre las vicisitudes de la palabra, poniendo de algún modo para todos misterioso, las cosas siempre de su parte. Había sin embargo, una premisa, que pocas veces se atrevía a reconocer, de cierto escepticismo que inundaba cada operación de tan perfecto mecanismo. Y era que no había nada verdadero en todo ese juego, en el que como un ilusionista, sacaba partido de tan estimable pobreza humana, que sin quererlo caía en las fallas naturales de la percepción y la memoria. Reflexionaba sobre esto, con cierta tristeza, y algo de deliberado desprecio, mientras arrugaba su frente, fijando “ay, sus tan azulados ojos” sobre la pizarra vacía. Eran esas fallas la razón de su oficio, y aún más, la de su tan reconocido éxito… En completo silencio trazó una línea horizontal bien marcada constatando como se rebajaba la tiza, desprendiéndose de ella, por efecto de una presión excesiva, un polvo blanquecino que hacía estornudar. Al profesor Q. le gustaban las generalizaciones1. ¡La verdad tiene que saltar a la vista! Nos decía. Quizá de tal sentencia se adivinaba su costumbre de dibujar al comienzo de la clase. Y por esos dibujos le merecían tantos el título de snob. Esta vez sin embargo, no pudo pasar de una simple línea horizontal, y se la quedaba contemplando tan ensimismado, que más de alguno se alarmó ante aquella excentricidad. Se oía casi indistinguible un roce de vestiduras similar a un rascarse. Era un sonido leve pero espantoso, que aumentaba en el decurso de los segundos. Los universitarios se miraban incomunicados por su cauce, que como ruido o balbuceo; desbordaba.

– ¡Ya basta! –dijo alguien desde una silla al fondo del aula. Y aunque esto podía no significar nada, era un retrato exacto del sentimiento del que todos se hallaban presos, frente aquella identidad de pensamiento, no podía sino ser recogido con cierto alivio.

No bien lo escuchara, el profesor Q., volvió a tomar la tiza y continuó su tarea con aparente normalidad. La intrigante línea ya no era más que una de las tantas piezas sacrificadas a un todo distinto, en cuya forma la multiplicidad desaparecía.

Todo se desarrolló como siempre, o al menos eso nos parecía a mí y a mis amigos, que sin reparar más en el asunto, lo olvidamos, como se olvidan probablemente todos los detalles importantes...

En el transcurso de aquella mañana me planteaba la idea de escribir una crítica sucinta, aunque no carente de ironía, sobre el proyecto que entreveía (asaltado por una superstición quizá) en la aporía que sin duda vivíamos los sencillos intérpretes de este escenario que algunos llaman, la vida. Era, no hace falta decirlo, un absurdo franco y curioso, pues a pesar de mi clara determinación no me decidía a llevarla a cabo. Creo que una noche, encendido por una fogata y no pocas botellas de vino, le referí esta idea a mi amigo Eusebio, que la recibió con un humor inusitado, pero fugaz, como el que envolvía a todos nuestros proyectos imaginarios, que por supuesto no pasaban de un aplauso supino antes de desvanecerse por completo en los anaqueles sombríos de la holgazanería. Era el vicio común de todo hombre versado, pero demasiado cínico para ejercer el oficio de artista. Y verdad es que, de los dos, era yo el que más sufría por esta condición disminuida. Eusebio se angustiaba un poco, pero no tardaba en olvidar lo anterior, sustituyéndolo por otra cosa nueva, más interesante, y sobre todo menos posible de realizar. Pues había aprendido el truco de sobreponerse a cualquier cuestión de este tipo, justificando su desidia por la hostilidad de la proeza, y así se convertía con poco esfuerzo en el verdadero héroe. ¡Pero basta de Eusebio! Luego de resolverme a empezar esa misma tarde La crítica con la recopilación de apuntes que tenía garrapateados en mi libretita de bolsillo (tan eufórico me hallaba; creo que murmuraba algo entre dientes), me atajó el profesor Q. acompañado del séquito de alumnos que solía perseguirlo mientras no transcurrían las horas de clase. “He aquí un hombre al que no le gusta perder”, creo que dijo, con una escueta sonrisa impresa en la cara. Alentado por mis reflexiones, y harto de que me vinieran con consideraciones extemporáneas respondí: “No hay nada peor para un hombre que se ama a sí mismo que encontrar a otro igual a él” (y mejor), agregué mentalmente. Las risitas se extinguieron de a poco, e incluso desapareció una compañera que se sospechaba una de las tantas queriditas del profesor.

– Quieres un café... –yo invito se apresuró a decir. No sé si con ello creía ofenderme, pero no me sentí en deuda alguna, porque según explicaban los rumores, el dinero le sobraba2.

“¡Se le cayeron los billetes!”, exclamó con escándalo fingido uno de los que venía con nosotros cuando nos sirvieron el café. Yo me limité a sonreír... Q. miraba en el suelo un billete de mil pesos arrugado, que se movía inquietante en la brisa. Al poco rato sacó del bolsillo interior de su chaqueta una pipa que cautivó por entero mi vista. No pude contener un: “¡oh, qué bella pipa profesor!”

Antes de sentirme ridículo por ello, mi interlocutor replicó, liberando una bocanada imaginaria: “Tengo ciento veinte...”

por José Ignacio Contreras

Descarga el texto completo.


1 En un pie de página del libro que yacía en la mesa se leía la siguiente proposición: No existe nada particular que no sea infinito, porque en la idea de lo particular hay ya una generalización, y como tal, una posibilidad.

2 El rumor es absolutamente falso. Debe provenir de la ilusión que el autor mantiene sobre las relaciones de poder y la adquisición de cafés en los carritos de la universidad. J.C.

Toloma y yo

“El [E]squizoide tiene algo de desenfocado” (Coloma, 2007)
“Coloma es como una PYME. Se autgestionó hasta el doctorado.” (Histérica anónima, 2007)

Hoy tuve el colmo del amurramiento. Tuve 2 pruebas, llegué a mi casa desahuciado y no había nada para comer, y para colmo, mis mejores amigas de la U, me dijeron que parecía “un amigo imaginario”. Entonces, me dije yo a mí mismo, “mismo, ¿por qué no vai a conversar un rato con el guatón Toloma? Capaz que hasta se te quite lo amurrao”. Así que partí. En la esquina de Ezequiel Fernández con Departamental, se instala el guatón a vender As’es en su carrito enchulado con el calendario 2007 de la Geisha. Toloma ya debe tener unos 70 años, pero ni se le nota por la tintura que le cubre las canas. Llegado a mi tercer año de universidad, no me quedó más que elegirlo a él, porque nica me sentaba en el puesto del pelao Reinozo (ojo, con “z”). Ese te hace leerte hasta su declaración a impuestos internos del año pasado antes de calentarte el lomito.

La cosa es que llegué donde el Toloma, y le empecé a contar lo pésimo de mi día y los ataos que arrastré toda la semana. Entretanto me invitó a sentarme, me pasó la mostaza y el ají; me dijo que hablara no más, que él escuchaba atento. Después de mucho bla bla, y de haberme comido el segundo As, le dije: “guatón, ¿tú qué opinai?” Y él me dijo: “Sabi que yo no hablo alemán, pero por como te lo dijeron, yo cacho que te ‘tan cagando. Ahí hay algo turbio que ‘ta escondido y que tení que cachar. Mira cabro, a mí me han acusado de creerme el hoyo del queque, y quizá sea cierto… pero nunca sería tan w[censurado]on como pa no cachar”. Y en ese momento, me quedó todo claro. Jaime “el guatón” Toloma es famoso por curar los males del alma, pero dejarte pa la cagá el estómago. También es famoso por haber armado el ICHPA, Instituto de Cocineros Hábiles en Postres y Acompañamientos, del que salió peleado con los colegas que estaban en contra de la fritanga callejera.

En fin, le pregunté cuánto le debía y si podía volver la próxima semana pa seguir la conversación. Me dijo que eso dependía de mí, así que me fui feliz de vuelta pa mi casa. Aunque ahora me pregunto, después de dos As’es de dudosa procedencia, ¿podré siquiera levantarme mañana pa ir a clases? Tengo caleta que leer pa la prueba de Freud, y típico que me preguntan por el apuntalamiento y yo ni he estudiado esa w...