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junio 01, 2008

Cabeza dura

por Pablo Herraz Mardones

Hanna Arendt, filósofa judío-alemana, ha reflexionado y escrito sobre temas relacionados con filosofía política y en general sobre la condición humana desde el punto de vista de la acción política. Además, su currículo cuenta con haber podido escuchar de una manera privilegiada la llamada del ser, en unas reuniones ontológicamente sublimes que sostenía con Heidegger en su casa de descanso allá en las altas y nevadas montañas alemanas antes, claro, que al gran pensador le bajaran las ganas de ser nazi.

La cosa es que estaba Hanna Arendt un día en Estados Unidos y se enteró que habían encontrado en Argentina (disfrazado de psicoanalista lacaniano) a Adolf Eichmann, el encargado de ejecutar la “solución final” que dio muerte a millones de judíos durante la 2ª guerra, y que se lo llevarían a Jerusalén para hacerle un juicio. Acto seguido movió los hilos por aquí por allá y dijo: ésta no me la pierdo.

Lo que la Arendt quería era presenciar el juicio para entender que tenía en la cabeza un ser tan despreciable y moralmente condenable (¡ya! perverso polimorfo) como Eichmann. Para sorpresa suya, se encontró con que ante la pregunta de por qué fue capaz de hacer algo tan abominable, éste respondió: “¡porque me mandaron!”, con lo cual la Arendt se dio cuenta de que el hombre que fue capaz de matar a millones de judíos no era un sádico antisocial deseoso de conquistar el mundo y subyugar a la humanidad, sino que era lo que podríamos llamar “UN IDIOTA”. Después de ese episodio, volvió a Estados Unidos y escribió un libro que se llama “EICHMANN EN JERUSALEN, o la banalidad del mal”.

Quiero invitarlos, luego de haber expuesto lo anterior, a mirar un poco la guerra de las galaxias. Los Jedi son una especie de monjes espirituales con espadas fálicas que crecen y se achican a placer y que tiene la misión de mantener el orden galáctico (que curiosamente coincide con mantener la democracia y los valores republicanos, pero bueno). Además hay robots, monos pelúos, mujeres lindas (aunque la Natalie Portman es maomeno nomá, aaaaaa!!), todos unidos para salvar el universo. Pero resulta que todos estos virtuosos y heroicos personajes no serían nada sin un tarro con forma de basurero que saca de adentro suyo una cuestión con la cual manipula todos los sistemas computacionales de todas las naves, que reproduce mensajes pero que lo único que sabe es silbar no se que pero todos lo entienden. Si es R2_D2 (que por si acaso aclaro, no se llama Arturo).

R2D2

Mi punto es que en estricto rigor Arturito es un idiota, porque claro, es moralmente bueno en la medida que hace cosas que sirven al bien y todos lo aman, pero, como Eichmann, no hace otra cosa que cumplir órdenes. De hecho, cuando Anakin Skywalker se vuelve malo, ¿no es acaso el mismo tarro de basura municipal el que va atrás en su nave ayudándolo a que domine el mundo? Si ser bueno ya es difícil, creo que el hecho de que entre el “hacer algo bueno” y ser un idiota haya una línea tan delgada hace la cosa mas peluda, lo cual trae como consecuencia que en algún momento todos nos parezcamos un poco a R2-D2.

Por ejemplo, cuando usted va al supermercado y le piden el vuelto en la caja, ¿Ud. lo da? Claro, porque ayuda a alguien con eso y eso es bueno. Pero, aunque a alguien le ayude, ¿a quién está ayudando en verdad? Yo le voy a decir: a un grupo de hombres con mucha plata que reducen los impuestos de su empresa “haciendo beneficencia” pero con plata que no sale de sus bolsillos sino del de todas las personas que compran en su supermercado. Vale decir, el estado premia a las empresas que hacen ayuda social rebajándole impuestos (ganan plata), pero estos pillines hacen ayuda social con plata que no es de ellos (ganan más plata porque ellos no gastan en ayudar), y encima la gente compra en su supermercado porque es un supermercado “solidario” (ganan más plata). Bastante gratificante para el espíritu, para su bolsillo, y, en último término, para nosotros que nos sentimos un poco más buenos.

Si el ejemplo le parece aislado lo invito a pensar en todas las cositas lindas chinas que compramos (yo también) hechas por un ejército de chinos que les pagan 100 pesos la hora, para regalarlas en aquellos días Village (enamorados, papá, mamá, navidad, etc.), o en la polera de Greenpeace que ahora venden en Falabella y con la cual pretendemos salvar a las ballenas, ¿le parece bueno?, ¿le parece justo?

Aquí es donde ocupo la silogística y digo:

si Arturito, en su manera de ser bueno, es un idiota; y si nosotros, en nuestra manera de ser buenos, somos como Arturito; luego…

De más esta decir que cuando digo “somos” también me incluyo, pero si usted, tras leer este texto, se siente profundamente violentado porque insinué que era un idiota, pero mas aun, usted cree no serlo, puede hacer su comentario en: http://el-esquizoide.blogspot.com, puede escribir un articulo para la próxima edición, puede ponerse de acuerdo con otros y lincharme públicamente o puede comentarle a sus compañeros que yo soy el idiota y que la cosa muera ahí, como suelen ser las cosas por estos lados.

El Cliché y la Paja Mental

por Rodrigo Farías

Hace poco, un malentendido me introdujo en una conversación relativa al común prejuicio de pensar al psicoanálisis como “paja mental”. Lo que me sorprendió de dicho prejuicio no fue su mera presencia, sino la argumentación de mi interlocutor para desecharlo inmediatamente. Ésta se componía de tres puntos que siguieron a la negación del psicoanálisis como paja mental. En orden de aparición, estos fueron: a) el psicoanálisis no es (una) filosofía; b) es un discurso que se funda en la experiencia y en la clínica; y c) es inútil hacer psicoanálisis en base a meras lecturas y teorizaciones, pues son esenciales a éste instancias anexas como la supervisión, la clínica, etc.

Hasta acá, nada nuevo. La premisa argumentada es un cliché, y el lector probablemente ha escuchado los puntos que las sustentan de más de un profesor, aunque ahora repetidos por un alumno. Pero he ahí lo interesante y el origen de esta reflexión. Para explicar esto tratemos de entender diferentes tipos de lugares comunes –casi cual speech acts estéticos–, y distingamos cliché de frase hecha, en busca de su eventual valor. El cliché es indudablemente un atajo intelectual, una experiencia repetida una y otra vez que aun así posee cierto estatuto de verdad, y que por ende puede iluminar. Al contrario, la frase hecha funciona como cliché negado ya de su potencial iluminador, privado de su posible verdad; es completa derrota del pensamiento, o irónicamente, paja mental. La diferencia entre cliché y frase hecha radica en aquello que nosotros hacemos con ellos, es decir, en el lugar que les asignamos dentro de una argumentación. Lo ideal entonces sería pensar y cuestionar al cliché, develar su verdad, y escapar de la frase hecha. Si a esto sumamos que en nuestra carrera el cliché se ve muchas veces desarrollado en cadenas enteras de frases hechas, no es sorpresa que la argumentación detrás de la idea de que “el psicoanálisis no es paja mental” fuera una frase hecha en la medida en que no se mostró como apropiación reflexiva, sino sólo como pronunciación mecanizada de puntos preestablecidos. Así, no es el cliché mismo el que me llamó la atención, sino el hecho de que éste haya sido desarrollado casi de memoria, y con la completa convicción de constituir una argumentación personal, racional y crítica.

Por supuesto, el proyecto por que cada idea que enunciemos sea completamente original es irrealizable, pero esto no quiere decir que no podamos someter ciertos juicios a un mínimo de racionalidad y análisis crítico, especialmente si estos tratan con temas con los que nos sentimos personal e intelectualmente involucrados. El problema no es la pretensión de originalidad que uno quiera arrogarse, sino asumir que es estructural y estéticamente imposible no vivir en el cliché, pero que esto no implica necesariamente vivir de la frase hecha, pues es al primero al que podemos problematizar aunque sea para confirmarlo.

Una ética (y una estética) del cliché implica reconocer no sólo que ya todo haya sido dicho y sea un cliché, sino que en vistas a eso el paso siguiente es negarse a permitir que otros determinen mis opiniones, en pos de la idea subjetivista y probablemente ilusoria de que “yo soy dueño de mis pensamientos”. ¿Pues importa acá el tema de la disolución del sujeto en un mundo de sentido y lenguaje que lo anteceda y lo rebase? ¿Importa acaso si me miento y creo que realmente tengo algo propio que decir? El que un argumento antihumanista pueda demostrar que el sujeto no sea el origen de sus propias ideas, no tiene mayor relación con la experiencia fenomenológica del análisis crítico, ni significa que el sujeto deba ser un mero receptáculo pasivo y acrítico de pensamientos ajenos… por lo menos para aquellos a quienes nos interesa genuinamente mantener que nuestras opiniones son nuestras y no procedentes de nuestra pareja, del profesor idolatrado, o del noticiero de la mañana.

Freud: La clínica es el comodín

Alienación psicosocial v/s la situación terapéutica

Alienación psicosocial v/s la situación terapéutica como una instancia para cortarla con la weaita y no seguir fomentando la tontera

por Víctor Hugo Frigerio

En el presente artículo se aprecian algunos aspectos psicosociales los cuales son precisamente, el “caldo de cultivo” de las diversas psicopatologías las cuales nosotros artificialmente abordamos con el paciente a puerta cerrada. Y digo artificialmente, al considerar que aquel sufrimiento psicológico en mayor o menor medida, también está conectado con un medio ambiente psicosocial y un imaginario colectivo que actúa de forma determinante en la facilitación del dolor psíquico. Desconocer y no reflexionar en nuestro quehacer clínico respecto de esta “otra cara de la moneda”, es cometer un error semejante al que tradicionalmente perduró hasta hace no mucho en la concepción occidental de la mente y el cuerpo en forma alienada, desconociendo el isomorfismo psicofisiológico que actualmente se reconoce.

El ambiente en que se expresa la interacción de las condiciones que predisponen y los factores desencadenantes es determinante en el tipo y curso del trastorno que aparece. La fragilidad de la familia y las redes de apoyo primario, la marginación social y el rechazo hacia el perturbado mental, las políticas sociales que no los incorporan adecuadamente como uno de los grupo de la población más vulnerables, los servicios especializados insuficientes, son factores que contribuyen significativamente al aumento en la prevalencia de los problemas de salud mental en la población y evidencian la asociación entre patología psiquiátrica y empobrecimiento.

En relación a lo recién expuesto, emerge como casi obvio que la influencia del sistema de vida que todos hemos colaborado en construir sea el “causante” fundamental de las problemáticas que aquejan a nuestra sociedad, precisamente respecto de los negativos índices de salud mental. R. D. Laing, en este mismo sentido, señala que los hombres pueden destruir y destruyen la humanidad de otros hombres, y la condición para que se dé dicha posibilidad es que seamos interdependientes. No somos monadas autosuficientes que no producen efecto alguno sobre las otras personas a excepción de nuestros reflejos. Los otros hombres nos influyen o cambian para bien o para mal; como también somos agentes que actuamos sobre los demás afectándoles de distintas maneras. Cada uno de nosotros es el otro para los otros. El hombre sería un agente-paciente que interexperimenta e interactúa con sus compañeros.

Y ciertamente el sistema de vida que hemos co construido, tiene bastante que ver con el modelo capitalista. Al respecto, Karen Horney ha mostrado con gran fuerza que generalmente, el individuo occidental, aprende en la familia los valores cristianos tradicionales de abnegación, altruismo y de entrega a los otros para verse arrojado después a un mundo competitivo en el que hay que pelear, luchar y no pensar sino en si mismo; hay un “retraso cultural” de los familiares respecto de los valores económicos que se traduce en un conflicto que desgarra al individuo, por complejos de culpabilidad y por un clima permanente de ansiedad. La ansiedad también estaría determinada por los progresos cada vez más rápidos tanto de las técnicas de la productividad y del maquinismo, como de las técnicas de racionalización en la mayoría de las situaciones laborales. El trabajo se convierte cada vez más en parcelario de tal manera que priva al trabajador de toda satisfacción. Es al mismo tiempo cada vez más mecánico, con los progresos de la automatización, lo cual elimina sin duda la fatiga de los músculos, pero la remplaza por la fatiga de “los nervios”.

Es así como culturalmente hemos ido atribuyéndole el máximo valor posible, al esfuerzo individual, al ideal de la productividad y de la mejora del estatuto social que, a través de un sistema de normas de conducta, constriñen a los miembros de nuestra sociedad y orientan sus actitudes. Para limitarnos a un solo ejemplo, Karen Horney ha mostrado, a propósito de las neurosis de nuestro tiempo, la vinculación de éstas con los ideales y las normas del capitalismo competitivo: “Entre los factores que, en la civilización occidental, engendran una hostilidad virtual, el primero es sin duda el hecho de que esta cultura reposa sobre la competición individual. El principio económico de la competición afecta a las relaciones humanas, obligando al individuo a luchar contra otros, incitándoles a superarles haciendo de la ventaja de uno, el perjuicio del otro. Como sabemos, la competición domina no solo nuestras relaciones en los medios profesionales, sino que invade nuestras relaciones sociales también, nuestras amistades, nuestras relaciones sexuales y las relaciones dentro de la familia, llevando así a todas las relaciones humanas, gérmenes de rivalidad destructora, de desprecio, de sospecha y de celos”.

Descarga el texto completo.

La formación de psicólogos y la pérdida del sentido común

Cloé V.

En la última clase de Personalidad que tuve con Mauricio García, allá por el 2005, éste cerró el curso con una especie de parábola. Nos dijo que la formación del psicólogo era similar al camino del samurái. El samurái debe estudiar arduamente las técnicas de su arte. Una vez termina su entrenamiento, el samurái debe alejarse por un año y olvidarse de lo que es ser un samurái. Debe irse a arar la tierra, a conducir un bote o a cortar la leña. Sólo cuando se haya olvidado de como ser samurái es cuando recién puede ser un samurái.

Ahora que estoy en el último año de la carrera puedo aventurarme en una interpretación de esta enigmática compararción. Lo que plantearé aquí es que la formación de psicólogos (a lo que llamaré el «dispositivo formativo») es esencialmente un dispositivo de la pérdida del sentido común. Si bien esto se aplica especialmente a la formación de terapeutas, creo que podría aplicarse también a otras áreas de la psicología e incluso de la formación universitaria en general. Sin embargo, tales extrapolaciones deben ser investigadas.

En una clase de Fundamentos de Psicoterapia, la profesora preguntó cuáles eran nuestros miedos como futuros terapeutas. Una compañera contestó: "Caer en el sentido común". ¿Cuántas veces hemos criticado a esos psicólogos de la tele o de la columna del diario que dan las típicas respuestas de sentido común? Hasta nuestros padres y conocidos nos han dicho alguna vez: "No necesito estudiar psicología para saber esas cosas". Y nosotros nos emepeñamos en demostrarles (aunque con el tiempo sólo "creerlo" para nosotros) que la psicología es mucho más que los típicos consejos del sentido común.

Lo interesante del asunto es que la profesora de Fundamentos le respondió a mi compañera: "¿Y qué te hace pensar que el sentido común es malo?" Porque más allá de todo el tiempo que llevamos criticando a esos psicólogos del "Buenas Tardes Eli" de pronto nos damos cuenta que efectivamente el sentido común es algo que falta en la práctica psicoterapéutica. Es algo que se echa de menos. Parece que nuestros profundos planteamientos epistemológicos y la asimilación de las más oscuras metáforas freudianas nos van oscureciendo el campo de lo obvio. A tal punto que entre los alumnos que van a ingresar a su práctica las preguntas más corrientes son del tipo: "¿Y al paciente lo saludo con la mano o de beso?"

Esta problemática no es para nada nueva. Una analista ya clásica como Paula Heiman dedicó algunos de sus artículos a este asunto. En uno de ellos, titulado "Sobre la necesidad de que el analista sea natural con su paciente", se cuenta el caso de un analista principiante que recibe a un paciente que venía mojadísimo un día de tormenta. Por miedo a romper el encuadre analítico, el analista no se atrevió a ofrecerle al paciente algo con qué secarse... ¡y ni hablar de la tacita de café! Conductas como estas son las que Heiman discutía: ¿acaso no es obvio que si recibimos a un paciente en esas condiciones tenemos que ofrecerle algo al paciente? ¿O se nos olvida que el paciente es una persona?

Un caso más cercano: en clases de Técnicas de Psicodiagnóstico la profesora cuenta una ocasión en que una paciente llamó para cancelar su sesión porque tenía otra asunto que calzaba con parte de la hora de terapia. Y nuestra profesora tuvo la inocente idea de decirle que viniera igual y que por último llegara tarde a su cita. ¡Terror! Cuando se percató de lo que había hecho, nuestra profesora tuvo que correr a supervisarse. Lo relató casi como si hubiese profanado el nombre de Freud.

A medida en que avanzamos en la carrera la formación psicológica nos va volviendo cada vez más insensibles al sentido común. De pronto haría bien recordar esa sentencia de Freud de que a veces un puro es sólo un puro. Este formato de enseñanza/aprendizaje que recibimos en la carrera, que yo llamo el «dispositivo formativo», lentamente nos va permitiendo ver cosas que antes no veíamos pero, he aquí mi punto, nos va impidiendo ver cosas que antes sí veíamos. Me recuerda a lo que me decía un amigo el otro día sobre la diferencia entre una idea y una ideología: las personas son las que tienen ideas, pero las ideologías son las que tienen a las personas.

Pero ¿cómo reconocemos «dispositivo formativo» en la vida cotidiana? Aquí presento su modus operandi, basándome en un caso real ocurrido durante una clase de Psicodiagnóstico Clínico: La profesora nos cuenta el caso de una paciente que robaba dinero de las carteras de las personas que visitaban su casa cuando ellas estaban distraídas. La paciente no era cleptómana y ejecutaba esta conducta sólo en su casa y sólo con las visitas. Entonces la profesora pregunta: "¿Cómo podemos comprender esta conducta desde un punto de vista psicodinámico? ¿Qué representa el dinero en el inconsciente de la paciente?" Se comienzan a levantar las manos de los alumnos. El dinero es lo sucio. Sí, correcto, ¿pero qué es lo sucio? ¡Las heces!, dice alguien por ahí. Sí, las heces. Y las heces, ¿tienen forma de...? Se escuchan murmullos. La profesora dice: "Las heces tienen forma alargada y podrían ser como..." ¿Un pene?, dice una voz incrédula. Sí, un pene, lo fálico. ¿Y qué es lo fálico en la teoría psicoanalítica? ¡Pues lo valioso! ¡El falo es lo valioso!

A ver, repasemos un poco este argumento para entenderlo mejor. Según la profesora: dinero = suciedad = heces = falo = valioso. Pero sucede que si simplificamos esta profunda y psicoanalíticamente correcta ecuación nos quedamos con que dinero = [suciedad = heces = falo] = valioso. ¡Dinero = valioso! Si a alguien no le ha quedado claro aún, a continuación un diagrama:

Dinero = suciedad = heces = falo = valioso

¿Cómo no se va a justificar la crítica de nuestros amigos? ¡Yo no necesito estudiar psicología 5 años para saber que el dinero es valioso! Recuerdo que en una clase Coloma dijo que éramos esclavos de nuestro conocimiento. Tomen como ejemplo a mi hermana que estudia gastronomía. Cuando estaba en el colegio, cualquier comida que le pusieran era rica y listo. Ahora es capaz de notar hasta el más pequeño detalle en la cocción, en los ingredientes, en que le faltó aquello o le sobró esto otro. Y yo a veces pienso que mejor sería que no supiera nada y nos dejara comer tranquilos.

Menos mal hay autores como Heiman que se han señalado este asunto. Similar es el caso de Cecchin, Lane y Ray (2002) que en su texto Irreverencia enfatizan la importancia de que el terapeuta sea irreverente respecto de su propio marco de referencia. Si bien la teoría es útil, más útil es saber cuando ésta se ha quedado corta, cuando es momento de desechar nuestras hipótesis y aventurarse por otra cosa. Pero en algo estarían de acuerdo con García, y es que uno no puede ser irreverente con algo que no conoce. No se trata de ir a quemar las fotocopias (aunque Didier pudiera prenderse con la idea), sino más bien leerlas, aprenderlas, asimilarlas... y ocuparlas cuando sea necesario.

noviembre 01, 2007

Cosas Raras

(o "Algo huele mal en la Escuela de Psicología y no son las fuentes de agua")

por She-Ra Hemmings

Hola Gente que estudia Psicología: unas semanas atrás, a algunos de ustedes les debiera haber llegado un mail que empezaba así:

“Por medio de este e-mail, quiero comentarles que en la universidad, se ha creado un nuevo concurso para los docentes llamado Premio Reconocimiento Excelencia Docente. Los profesores distinguidos recibirán una asignación importante de dinero además de un reconocimiento público. Las nominaciones al concurso serán resueltas por el COMITÉ CURRICULAR de la EPUC. Sin embargo, para nosotros como comité curricular es muy importante obtener el input de los estudiantes para determinar estas nominaciones. Por lo tanto, queremos pedirles que en su calidad de representantes de los estudiantes nos hagan llegar por esta vía (reply a este mismo email) un listado de cuatro docentes que a su parecer deberían ser nominados a este premio, incluyendo una breve descripción del porqué consideran que cada uno de estos profesores se merecería el premio”.

Primera cosa rara, este mail se lo enviaron con un día o dos de anticipación a los delegados, así que entre que los delegados pudieran ver el mail para reenviarlo a los estudiantes de psicología hay un lapso considerable de tiempo para que alcancen a enviarlo efectivamente antes del plazo descrito en dicho mail. De ahí a que los estudiantes puedan ver el mail y decidan contestar efectivamente es otro coladero, es decir, menos y menos posibilidades de que una gran cantidad de alumnos envíe su mail con sus docentes nominados. Supe que finalmente llegaron algunos mails, pero ALGUNOS, de los XXX estudiantes que somos en Psicología. Y aunque todos o la mayoría enviara sus preferencias estoy segura de que les habría dado un poco de lata revisarlos todos y hacer un conteo.

Segunda cosa rara, no se dieron explicaciones sobre a quién se le ocurrió inventar semejante premio, pero lo que sí se sabe es que es algo que viene de “más arriba”; más allá de nuestra escuela… (¿Dirección de Pregrado? ¿Rosso? … ¿EL PAPA?). Tampoco explicaron a pito de qué se creó el premio; y, como buenos estudiantes PUC, nunca supimos nada ni alegamos nada, porque no preguntamos ni nos preguntamos a nosotros: “¿Por qué un premio de este tipo incluye plata, o más bien “una asignación importante de dinero”? Esto por lo menos es RARO. Y lo más importante, ¿quién elige finalmente a los nominados? El COMITÉ CURRICULAR. ¿Los profes le hacen clases al comité curricular? No, sino a los alumnos. ¡Ah! Entonces quizás los alumnos deberían elegir directamente. Pero ¡NO! Es el Comité este el que elige indirectamente quién se lleva la plata. Y eso es lo raro, cuestionable, “oscuro”, sinónimos afines.

Posteriormente, y como tercera cosa rara, se nos envía un mail de manera más masiva para que elijamos 3 profesores/as incluyendo comentario de por qué lo elegimos, pero ahora es mediante una encuesta online, también para el mismo premio. ¿Pero cómo? ¿Ya no valen las sugerencias que hicieron los estudiantes en respuesta al primer mail? Tampoco hay explicación de esto (o tal vez yo, ingenua, tuve la esperanza de que la hubiera).

Ya, ¿pero qué sucede con eso?… Pues sucede que al incluir dinero en un premio de reconocimiento docente se presta para malentendidos; creo que es realmente no-necesario. Que hagan un reconocimiento, ok, pero no pongan plata; creo que efectivamente podrían ser más creativos. Además, ¿cuál es el propósito de esto? ¿incentivar con refuerzos positivos, como $$$, para que los profes se esfuercen más? Mmm, creo que eso también es cuestionable.

Cuarta cosa rara, pero muy predecible y a la par en importancia con este último argumento, está el hecho de que sólo podemos elegir a los profesores de planta. Pero ¡Oh! ¿No hay profes que también hacen clases pero no son de planta, sino que trabajan por “horas”? Claro que sí, pero ellos no son elegibles… DOBLEMENTE RARO, o, más bien, INJUSTO. En una de esas es cierto el rumor de que a la “escuela” (como ente abstracto y difuso) no le “gusta” que profes externos se ganen premios de reconocimiento todos los años (ejemplo: Coloma).

Eso sería, denle una vuelta, a ver qué les parece. O no. Después de todo, el status quo tiene un calorcito tan reconfortante...

octubre 01, 2007

Freud y la Puntuación Hermenéutica

por Rodrigo Farías

En Presencias Reales, George Steiner plantea que las principales tradiciones hermenéuticas occidentales pueden necesitar intentos por una finalidad acordada a la lectura -y al comentario- interminable. Existe la posibilidad de que la infinita proliferación de lo secundario ahogue al texto primario, y es ahí que dichas tradiciones proclaman límites formales al posible despliegue de la inventiva interpretativa, es decir, lo que Steiner llama una “puntuación hermenéutica”. ¿Pero que pasa con el psicoanálisis? Primero, lo entendemos como la exégesis del texto freudiano, la exploración continua de sus posibilidades ocultas y sus verdades no develadas, o como menciona el argentino Mauro Vallejo en Incidencias en el Psicoanálisis de la Obra de Michel Foucault, aquel discurso “motorizado en el infinito comentario del texto freudiano (y que lo) establece como palabra primera”. La pregunta es, entonces, ¿cómo contener el comentario del comentario, a falta de una gran Summa Psicoanalítica? O en otras palabras, ¿cómo saber qué es la verdad en psicoanálisis, y qué es mera herejía? La respuesta primera, por supuesto, es que en psicoanálisis no existe la verdad, sino que la disciplina es, ella misma, un tipo de búsqueda por la verdad, o incluso de cuestionamiento de los discursos que la predican; mas un intento crítico de respuesta, aunque erróneo, es siempre superior a la mera complacencia.

La idea recién expuesta no implica que el psicoanálisis sea la mera repetición de lo ya dicho, sino el descubrimiento de lo escondido, la continua formalización de lo informe. De no ser así, ¿podríamos efectivamente señalar que 70 años de psicoanálisis después de Freud (y he ahí el tema real del presente ensayo, intentar concebir reglas de producción de un “después de Freud”) son meras repeticiones de la palabra originaria? Claramente no. La repetición implica pasividad, recepción y recitación monástica; el comentario, en cambio, búsqueda y entusiasmo escolástico; mas específicamente, el comentario es la novedad de la repetición. El problema es el rol de Freud no tanto como creador de un discurso cerrado en si mismo, sino de los márgenes y de lo permitido de dicho discurso, de manera que la dispersión del comentario nunca atente contra el acto inicial. La función de Freud no es la de cualquier creador dentro de la historia de su creación; sino la de garante último de legalidad.

Para Vallejo, cualquier premisa psicoanalítica que aspire a ascender al status de verdad psicoanalítica, debe remitirse, en última instancia, a Freud. El modelo paradigmático aquí es Lacan, quien no solo dice “El psicoanálisis es Freud. Si se quiere hacer psicoanálisis, hay que referirse a Freud, en sus términos, en sus definiciones, leídas e interpretadas en su sentido literal”, sino que mantiene una actitud de lo ya allí, de que él sólo devela lo oculto en Freud. La realidad, aquel referente externo al texto freudiano, se convierte en un problema debido a que la última palabra, la ultima sanción de rectitud, no es aquella presencia –mas que la realidad ¿aquella tierra prometida llamada “la clínica”, tal vez?- sino el texto mismo, continuamente revivido en su letra. Así, la exégesis atenta y detallada de aquel que develó la verdad pulsional permite validar al maniqueísmo naturalista de Klein, al Freud normalizante y pedagogo de la self psychology, y al Freud lector de Hegel, Nietzsche y Saussure de Lacan. Sólo queda el intento tautológico de que Freud mismo sea el arbitro final para la autenticidad de psicoanálisis.

Nos encontramos, entonces, con el problema de conciliar la proclama freudiana por una continua investigación analítica, incluso experimental (motivo que, entre otros, lo llevó a analogar a su nueva ciencia con la física y la química) con su estricta actitud frente a lo que se decía bajo el nombre de “psicoanálisis”. Pues Freud no sólo era el amo absoluto de su feudo, él lo sabía; tenía sus discípulos atentos y respetuosos, su iglesia propia y la capacidad de excomulgar (pensemos en Ferenczi cuestionando el carácter fantasioso de los relatos de abuso supuestamente dados por histéricas a Freud, en su consiguiente alejamiento del grupo y en la acusación hecha por Jones de las fantasías del disidente de asesinar a Freud). Es en esta construcción de las formalidades básicas de la institución –no sólo del discurso- en la que se convertiría el psicoanálisis, que Freud se puso como centro legislador de todo aquello que apelara a analítico. El problema: Freud, que para algunos teorizó científicamente -y para siempre- acerca del artificio que es la conciencia transparente a si misma de la modernidad, paradójicamente actuaba en su disciplina como el capitán de su barco, mientras negaba dicho ideal como una mera ficción narcisista. Así, el último humano narcisista daba la última estocada al narcisismo humano.

De esta forma, la actitud vigilante tras la continua objetivación del psicoanálisis como disciplina espejo de una realidad ahora innegable, el Inconsciente (de manera que Freud pareciera seguir al psicoanálisis y no al revés), la vemos en un ejemplo dado por Paul-Laurent Assoun en Freud, la Filosofía y los Filósofos: frente al rechazo de Freud hacia algunos desarrollos de Adler debido a su carácter aparentemente especulativo, el primero dice: “la teoría de Adler era desde el principio un sistema, cosa que el psicoanálisis evita cuidadosamente ser”. Muchas ideas son objetables a ésta última frase (y Assoun llega a la condescendencia en su intento de no criticar a Freud, aun cuando su propia exposición devela las contradicciones e insuficiencias de sus justificaciones) pero aquí es llamativo que ya en 1914, Freud daba cuenta de la existencia de una entidad llamada psicoanálisis que, a primera vista, no equivale ni coincide con él mismo. Pero sabemos que eso no es así y que al hablar del psicoanálisis como entidad externa a él, Freud negaba su propio estatus -innegable para cualquiera ligeramente familiarizado con los orígenes del discurso analítico- de amo y señor de su creación. Evidentemente, él esperaba que se estableciera esa distinción entre él mismo y aquel discurso -distinción problematizada en este escrito-, pero si ella existiera realmente no se explicaría el rol de Freud en el psicoanálisis, completamente diferente al que tienen otros iniciadores en las respectivas disciplinas que posibilitaron.

Volvamos ahora a la pregunta inicial por la puntuación hermenéutica propia al discurso psicoanalítico. Ya podemos responderla diciendo que es Freud, la unidad hombre-texto, la puntuación hermenéutica de éste. Incluso previo a su muerte, la función más importante de Freud (darle coherencia, unidad y pertenencia a lo que en nombre de su disciplina se escribía) fue introyectada por sus discípulos de manera tal que ya no se necesitara su continua vigilancia y control. Como ha dicho otro autor, este es el doble vínculo del discurso analítico: Freud es su obligatoria condición de posibilidad y al mismo tiempo, de imposibilidad. El psicoanálisis es el discurso que comienza y termina con Freud, él mismo funciona como su puntuación hermenéutica retroactiva y su letra viva es la que dice que esto se aceptará, pero no aquello.

Caso Abierto

Hoy: ¿Las relaciones amorosas de pareja están en crisis?

Sí. Aunque debo decir que sólo hablaré de la realidad más cercana, entiéndase nuestro país, donde las infidelidades y las demostraciones de “me cago en el amor” -como dice la famosa canción-, no sólo son parte de la mayoría de las historias amorosas conyugales de todo nivel (pololeos, matrimonios, convivientes, etc.) sino que también hay información de encuestas donde aparecen números irrisorios de profanación completa del compromiso. Entonces, ¿Somos los chilenos “picados de la araña”? o ¿Hay otras razones que están banalizando progresivamente aquello por lo que teníamos entendido que era el amor? Aunque es tentadora la opción de inclinarme por la idea de que el chileno es por naturaleza “picado de la araña”, creo que no hay como justificarlo; por lo tanto, creo que hay dos razones del por qué estamos cagándonos en el amor constantemente. Una se relaciona a que los chilenos nos conformamos con lo que hay, es decir, no elegimos pareja; preferimos estar mal (o más o menos) acompañados a estar solos. Entonces, cuando las personas no están convencidas de sus parejas, a la primera oportunidad de estar con alguien que de verdad le provoque esa sensación de idealización/admiración/de alineación de los planetas, que en otras palabras es sentir las llamadas “mariposas en la guata”; obviamente es infiel, o en el mejor de los casos termina para intentar estar con quien de verdad “l@ mata”.

La segunda razón se relaciona y potencia con la primera y se refiere a que el compromiso, como tal, ha sido pisoteado. Y no sólo eso, también las palabras “querer” o incluso “amar” son cada vez menos valoradas, y nosotros los jóvenes hemos llevado tales palabras a prácticamente la utilidad de muletillas. Sin conocernos mucho pensamos y afirmamos que amamos, sin saber el calibre de tal afirmación, ni responsabilizarnos por lo que ello conlleva.

En síntesis, las relaciones amorosas de pareja están crisis porque primero no elegimos a la persona que nos gusta, que nos provoca esa extraña sensación entre agitación, malestar nervioso leve, y tensión constante; que se mezcla con idealización, admiración, y pérdida de la cabeza por fantasías mentales de escenarios posibles con quien se adueña de nuestros pensamientos. Y segundo, porque una vez que la relación se formaliza y se desarrolla en el tiempo -lo que se traduce en parte en una pérdida de las “mariposas en la guata”- provoca que ello sumado a la banalización del compromiso, y de las declaraciones de amor eterno, las relaciones se conviertan en productos de consumo desechables.

En conclusión, como ya se ha dicho en esta columna, siempre el caso queda abierto; y por supuesto en temas de amor nadie dijo que fuera fácil, ni que hubiera receta; pero creo que tenemos más posibilidades de entendernos, y de hacernos responsables de las experiencias que elegimos vivir, si intentamos lograr esa historia amorosa que parece de cuento de hadas – como muestra la película: “El diario de una pasión”- , y así jugarnos la posibilidad de poder ser parte de los privilegiados -contados con lo dedos- que pueden decir que en la vida, en tanto a relaciones de pareja, estuvieron en el amor.

La concretitud de la exclusión: elementos de reflexión para ‘Cristianismo y sistemas económicos’

Quisiera ampliar y redirigir la reflexión que abrió Franco sobre el Cristianismo y los sistemas económicos.

Las preguntas con que se abría el debate se caracterizaban por mirar la temática en abstracción. Se entendía el cristianismo como una doctrina más que como una opción vital que se manifiesta en la pasión por el darse al otro. Entiendo que las abstracciones nos son muy sabrosas a los psicólogos: son siempre un desafío intelectual. Pero siento que si queremos llegar a algún lado con el pensar, éste debe estar fuertemente arraigado por la concretitud y cotidianeidad de los que sufren. Y en ningún momento olvidarnos de la justicia y la transformación social, deseo que no está en nosotros sino en los millones de rostros latinoamericanos que hoy sobreviven en la marginalidad de la pobreza.

No sólo hablamos, entonces, de sistemas económicos y sistemas religiosos. Hablamos también de dolor y exclusión de personas concretas, y del pecado social que cometemos al desentendernos. Hablamos del rol que debemos ocupar como futuros profesionales, en un continente donde hablar de teología y economía es siempre preguntarnos por lo sórdido de la marginalidad. Es sólo por la concretitud de la exclusión y por nuestra responsabilidad frente a ella que este Caso Abierto es relevante.

Como dice Redoles: nadie se mete en güeas por Gaete!!!

La otra vez en un consejo de presidentes propuse realizar un mitting, y ante la cara de asombro materializada posteriormente en la pregunta sobre ¿Qué es un mitting? Respondí: bueno, es una movilización en la cual un grupo masivo de personas acuerdan juntarse en un lugar a cierta hora para manifestarse, es decir, es una intervención, distinta de una marcha cuya esencia es juntarse para caminar hacia el lugar donde se quiere manifestar. Lo que me llamó profundamente la atención es que pese a las características algo más postmodernas de una intervención como el mitting, y pese a que no me esperaba que la idea fuese apoyada por la mayoría del consejo, tampoco esperaba encontrarme a estas alturas con que en el imaginario de nuestros compañeros dirigentes (gremialistas en mayoría) estuviera tan presente la idea de que cualquier “junta” o protesta pública estuviese directamente relacionada con el marxismo leninismo y la tomas y anarquía y descontrol y expropiaciones y quizás cuanta maldad más junta susceptible de llenar aquel significante, que como me percate, estaba aún vacío. Es más, en este tiempo me he dado cuenta que tienen la de que la izquierda se junta a idear malévolos planes y que actúa en bloque como lo hacen ellos, cuando todos saben que la izquierda en la UC esta más muerta que Gaete (quién mato a Gaete? los cuetes). La sorpresa se debe a que las manifestaciones como los mitting hace rato que pasaron a ser propiedad de los más diversos e inofensivos (y otros no tanto) grupos que sienten la necesidad de intervenir el espacio público y privado, desde el fun club de my chemical romance, hasta los ecologistas kamikazes europeos que protestan contra el calentamiento global siendo que se toman y ocupan en sus artefactos casi toda el agua del mundo, pasando por la gente de liberación animal, que estoicamente se ponen afuera de casa central para protestar contra la vivisección y la experimentación que realiza la UC con animales vivos.

Pero el tema no son las articulaciones del registro de lo simbólico en los distintos movimientos políticos respecto a los fenómenos sociales, sino más bien en nosotros como generación...

Resulta que un día, así de la nada (lo cual no es cierto) aparecieron los secundarios que protestaban contra la LOCE, y claro, el gobierno no los pescó. Sin embargo, los pingüinos encontraron una forma de hacer que todo el país los mirara y empatizara con ellos a tal punto que el típico “son puros vándalos” no se sostenía y todos tuvieron que salir a decir que eran tan buenos, inteligentes y tiernos. Cuento corto, se tuvo obligadamente que hablar del tema y ganaron por así decirlo, pero!, no contentos con la política de gobernar sin una idea sino que juntando a los especialistas de todos los sectores políticos para hacer algo que deje contentos a todos, llegaron y se bajaron del comité asesor y ahí están. Lo que quiero decir, es que parece que ya no se contentan con que los viejos los estigmaticen por la prensa para luego tomarse fotitos con abrazos y sonrisas, y para luego volverlos a tratar como niños. Algo tienen ellos que no tenemos nosotros que los hace menos conformistas, menos cautelosos y más atrevidos, bueno, así también lograron mucho mas de lo que, sumado, hemos hecho tanto cuando éramos secundarios como ahora Por otro lado está el mundo de los adultos, el cual determinado por la huella mnémica de la dictadura hace que aún en democracia cualquier movimiento social genere una extraña ansiedad de castración que sigue haciendo necesario a un estadista o figura de autoridad que sea capaz de golpear la mesa tipo Lagos. Es más, dado que en el gobierno de Bachelet todos “se subieron por el chorro” tuvieron que recurrir a las antiguas prácticas y llamar a Comisario Velasco para que pusiera orden, como si literalmente faltara el padre. En general, parece que la idea de los adultos es que ojalá no pase nada muy efervescente, no vaya a ser cosa que...

Bueno, queda el jamón del sándwich, somos nosotros, teñidos por el imaginario de nuestros padres y por ende preocupados únicamente por que nos vaya bien (algo así como por nuestra seguridad individual), conformándonos con tener por objetos de culto a quienes critican al mundo por nosotros de manera chistosa o poética (tenemos los videos de plan z y los simpsons en la casa, escuchamos Víctor Jara, Silvio Rodríguez y nos compramos los nuevos calcetines del Che Guevara que salieron en la tienda juvenil del mall), hijos de la transición (y de la alegría) que aprendimos a quedarnos callados, a mantener el status quo, porque salir a la calle es estar pasado a naftalina o hacer un mitting es sinónimo de la UP, los sesenta o que se yo, lo cual no pega con la reconciliación y la unidad nacional que nos dice los viejos. En fin, mi conclusión es que somos la generación que carga con el muerto y que, como dice redoles, nadie se mete en gueas por Gaete!

Sobre nuestro talento como psicólogos

Otra cosa es con guitarra. Me ha tocado escuchar varias veces que la gente fuera de la escuela dice: “Los psicólogos aguantan todo”. Poco más que creen que pueden ir a hacer lo que se les antoje a una consulta con un pelado al frente que los mira con car’e na’ todo el rato. “Haga lo que haga él no hará nada, este ser invulnerable rosa la perfección”. No sólo desmiento esta afirmación (que algunos pueden tener) sino que aprovecho de aclarar que es lo que creen los psicólogos que los no-psicólogos creen de ellos. Al común de los mortales poco les importa lo que son y lo que hacen este tipo de profesionales y es normal que así sea.

A lo más son los consultantes, los que en su ansiedad y duda frente a este “otro” (abordado desde cualquier teoría, tranquilo señores psicoanalistas, no capen esta flor en su apogeo) que, en su miedo, llenan de fantasías al terapeuta, lo que no implica que éste también las tenga. Frente a la respuesta, los casos extremos de idealización o devaluación del terapeuta son perniciosos, lo ideal (que termino más infeliz en este momento) es que se produzca una “alianza terapéutica”.

Hasta aquí no es más que lo que están viendo o verán en alguno o muchos ramos de psicología. La pregunta va más por el lado de cómo nosotros, psicólogos en base a la imagen de un discurso del “otro” (los no-psicólogos) afrontamos este oficio. Quiero publicar (en mi afán aumentar mi ego en este semestre) una posible respuesta (la mía, obvio… o no?) de cómo afrontar el problema planteado cuando el “otro” nos dice: “ustedes son los que las aguantan todas y no tienen problemas”.

¿Usted conoce a Steve Vai? Yo creo que ese tipo nació con la guitarra colgada en el cuerpo y que con suerte (si es que puede) se la saca para bañarse y dormir. Ahora bien si asumo el criterio de realidad ese tipo obviamente se saca la guitarra. Es igual con el psicólogo, él se saca su talento cuando hace otras cosas. En este caso cosificar nuestro arte sirve, para saber que sí somos seres de carne y hueso y frente a la misma exigencia de perfección que se le impone al arte a nosotros también se nos la pide.

Bajo esa sentencia, el primer frente (outside, cuidado con esa r final) ya está hecho. El segundo frente (inside) tiene que ver con el discurso “llevo 4 años en la escuela y no sé nada”. El hecho de hacer el ejercicio de saber lo que estamos aprendiendo y darnos cuenta que lo podemos aplicar (debidamente) finalmente tiene una utilidad. Esto nos motivará intrínsecamente a seguir a adelante (maldición esto es 100% seguro que no es mío, yo mismo corté el apogeo de la flor). Así ofreceremos algo a alguien, nuestro arte a un cliente. Ciertamente es más complicado cuando pensamos que nosotros en ningún momento tenemos que ser el centro de ese encuentro, esa es justamente la diferencia con el artista en el escenario, porque la escena que está en juego es la del paciente y a lo más la de la interacción, pero nuestra intimidad nunca está en juego. He ahí una parte de la virtud de este profesional. Tal vez por eso y por otras cosas es que considero que este don es manejable y entrenable, para que así el “otro” quede “sano” y sienta que en realidad cumplimos con lo que él esperaba.

El fisgón morbosón (trivia de alguna parte)

PD: Cuanto más se defiende uno, más la caga jajajaja lo digo en el sentido que ud quiera. Practique, maldito carroñero.

agosto 01, 2007

Koala koala YAAA!!! (que estoy caliente, ¿cierto Rocío?)

"Ah? Koala qué? Nooo?!!! Uuhhhh!!! Qué fuerte!!!, pero igual choro". Esa debe haber sido la sensación de muchos al escuchar esta estúpida canción. De partida se nota que la hicieron a la rápida con la única intención de ganar plata lo más fácil posible, porque es igual al meneito de hace 10 años atrás y la Marengo, aparte de sus dos buenas razones que tiene para salir en la tele, no tiene nada más.

Salió que hasta los senadores y diputados andaban con el bailecito. Pero ¿cómo no van a andar con el bailecito? Si unas “periodistas” anduvieron tirándosele a medio mundo encima como si hubieran tomado yumbina o no sé, de hecho a muchos los botaron al piso con esta “simpática“ maniobra, siendo unas de las cosas más patéticas que he visto en la TV y eso que veo harta mierda.

Realmente lo que es patético es que se haya perdido la capacidad de sublimar y que muchos queden idiotizados con un baile tan brutal, tan violento, tan chocante y que a la vez se encuentra rico, bueno y todas esas cosas. Me preocupan varias cosas. La primera es que todos los canales y programas agarraron la “onda” del Koala y por efecto de fama la gente se idiotiza. Eso a su vez tiene dos ramas: por un lado, como es muy famosa esta cuestión, la persona siente ganas de “bailarlo”, entonces crean la necesidad de estar caliente cuando se baila, aunque no se note. Los bailes ahora son, rompe, patea, gózalo, muévelo, levanta, baja las manos (puras weás, sinceramente). En un análisis comparativo de letras de las músicas del pasado y las de ahora claramente hay diferencias monstruosas.

Se me podría contra argumentar que las canciones románticas no son de sexo, pero esas son peores, porque ahora la cuestión dice que si tú te vas, yo ya no doy la media vuelta, sino que me mato de frentón o no soy nada o que sé yo alguna cosa media psicótica. Por otro lado, esa falsa calentura adormece o insensibiliza cosas más sublimes, como el amor de pareja (la que está rica es la que me gusta, porque tiene buen poto y buenas tetas) o la música hecha con dedicación y no con máquinas, donde los botones hacen todo. Te meten un concepto de belleza y después con ese te venden mil porquerías, porque están dominados por un patrón implícito de cosas. Es interesante que si bien en un nivel hay cosas muy explícitas, dando la sensación de poder mostrar ya nada más (por ejemplo nacen preguntas como: ¿y después koala en pelota?), por otra parte hay muchas cosas que descubrir y actuar en base a ello. No quiero decir que la posición no se haga o que es indecorosa en si misma, lo que honestamente me molesta, es que sea así de difundido y así de gratuito, (sexualicémonos porque sí, estoy caliente Rocío, cierto?)

Lo segundo que me preocupa es qué hacer para limar esta nueva ética del koala. Algunos dirán “es lo que me tocó vivir no ma, no hay que ser tan cartucho”, a esos no hay que pescarlos. Lo que veo que se puede hacer es justamente lo que estoy haciendo con este escrito, es sensibilizar a todos de lo que está pasando y ser más naturales, como dice Rogers “tener sabiduría organísmica” (eso implica en este momento, NO DEJARSE LLEVAR SINO CUESTIONARSE) que sepamos cuando se está imponiendo cosas que podrían ser de otro modo, y que de la forma como se están planteando, es una forma que no está bien, va en contra de lo que no nos parece. Que aquellos grupos de poder como los medios de comunicación y los “artistas” de quinta, no la ganen tan fácil, HAY QUE IR PIFIAR AL FESTIVAL, NO HAY DISFRUTAR ASI NO MA.

Y lo tercero que me preocupa es que los hombres que me ven me dicen: “koala koala yaaa!!” y yo soy macho no hembra...

Atentamente,
UN koala

Caso Abierto

Hoy: Cristianismo y sistemas económicos

El Esquizoide es una instancia de diálogo entre quienes constituimos esta escuela. La nueva sección, “Caso abierto”, es uno de los lugares donde se abren las puertas a los diferentes discursos, opiniones, quejas, comentarios, alabanzas, ironías y demases sobre diferentes posiciones respecto a temas polémicos de diversas índoles y que de alguna u otra manera nos atañen no sólo como futuros psicólogos sino también como personas con juicio y opinión, las cuales influenciarán (queramos o no) tanto en nuestro entorno directo, como en el lejano. Pero ya basta de metacolumnistería, y vamos al tema.

Las preguntas fundamentales de hoy son: ¿Es el cristianismo más viable con cierto sistema económico? O ¿Una cosa es la religión y otra los negocios? ¿Las relaciones económicas determinan las relaciones sociales (y por tanto religiosas)? Es evidente que en este espacio no podremos dar una perspectiva que abarque decentemente dichos cuestionamientos, y el fin de la columna es el incentivo de tomar posición o elaborar una respuesta, y sino al menos preguntarnos que pensamos de ello.

La tesis que sostiene quien escribe, es que el cristianismo es más viable/compatible con el sistema económico marxista que con el capitalista. Esto porque pienso que las relaciones económicas influyen en gran medida en las relaciones sociales y, por lo mismo, en un sistema capitalista se dificulta enormemente la tarea del cristiano, ya que tiene que remar en contra de la corriente materialista sumamente competitiva, donde el “tener” llena el espacio de quienes somos, de nuestra autoestima; lo que nos esclaviza y nos incita a ocupar el tiempo en mantenernos bien ponderados, antes que a preocuparnos por el del lado, el prójimo. También otro elemento que se suma, es el resentimiento consecuencia de la combinación de la miseria, la publicidad y la conciencia provocadora de saber que el vecino lejano (que vive en un barrio sin delincuencia, ni tiroteos; con áreas verdes y sin smog) gana 100 veces el sueldo de la mayoría. Ese sentimiento que ronda en Chile de sentirse trapeados, hace que el cristianismo, o más bien los cristianos nos sintamos dificultados en cumplir nuestros principios, porque el sistema económico está constantemente boicoteando estos ideales, como si nos estuviera diciendo: «Aunque se esfuercen, la guerra está pérdida. El egoísmo predomina absolutamente. La panacea del “chorreo” capitalista triunfó. La generosidad lastimosa funciona como chivo expiatorio para los beneficiados del sistema, todo está resuelto. Renuncien a su lucha. Súmense. Vendase al sistema, es lo que hay».

Frente a esto, el cristiano se reniega, y piensa que aunque la guerra al parecer está perdida, el trabajo por el reino de Dios debe llevarse a cabo contra viento y marea. Y por esto en vez de renunciar a sus propósitos a causa de su desventajosa posición, recibe la contingencia con esperanza e intentando hacer innovaciones dentro de un sistema económico que no es el que soñó Cristo para quienes profesan ser sus testigos.

El espacio me limita a ir más allá en este vasto tema, pero como el título de esta columna lo dice, este caso queda totalmente abierto a sus comentarios, respuestas, posiciones, críticas, correcciones, etc.; ya sea en el blog o directamente escribiendo en esta, la revista de la escuela.

Crean en él

Trastornados… ¿hasta qué punto?

Jesu Rebolledo

Hoy quedé asombrada después de la clase de psiquiatría adulto. En plena clase, se entrevistó a un paciente que mientras contaba su historia de vida y causa de internación médica, me preguntaba constantemente qué de loco tiene este “loco”. Y cuestioné mis creencias respecto al significado dado a la normalidad y la locura. Es sabido que la normalidad corresponde más a un dato estadístico que una verdad o realidad irrefutable. La normalidad es respetar y vivir dentro de la norma, lo socialmente establecido, por lo tanto, cualquier persona contra esa norma sería considerada loca o trastornada.

Ahora, en la sociedad hay normas necesarias y positivas que mantienen el respeto y el orden entre las instituciones y las personas, pero qué pasa si nosotros, como psicólogos, estamos ante una persona que afirma tener contacto con Dios, sentir la energía del Universo, que hace años medita y reconoce tener activado el llamado “tercer ojo”, asociado a la glándula pineal o epífisis, glándula que secreta melatonina, hormona que se dice regenera las células, regula el sueño, disminuye el estrés y cura enfermedades como el cáncer y el SIDA... importante, ¿no creen? ¿Diagnosticaríamos presencia de delirio y alucinación? ¿Esta persona está sana o mentalmente trastornada? ¿Qué tal un tipo de esquizofrenia?

Hoy la psicología transpersonal reconoce y trabaja con estos temas considerándolos un tema importante en el desarrollo emocional, mental, físico y espiritual. ¿Es muy difícil creer que una persona pueda estar más evolucionada en esos ámbitos y por eso diagnosticar por ejemplo esquizofrenia? ¿Se estará patologizando lo que debería ser un avance en el ser humano?

Es sólo una duda ante nuestra labor de diagnosticar y dirigir el tratamiento de una persona, una persona que lo más probable modifique su sistema de vida ante nuestros consejos, y que posiblemente no sea la mejor solución a sus problemas.

Considero mejor conocer a la persona en profundidad e intentar entender lo que siente y cómo ve su vida, para ayudarlo en lo que necesite, no en lo que nosotros creemos que necesita, podemos equivocarnos. ¿Qué sientes tú?

Los Padres de las Psicologías

por Fabiola Melo

El otro día, al lado de mi querida amiga oriental, en clases de algo llamado Psicología Educacional me percaté del origen de esta extraña carrera. La profe dijo: "Bueno, Vigotsky es considerado el padre de la psicología educacional, pero, ¿ustedes saben un poco de la historia de ese personaje? Él era Ruso, Marxista y no era psicólogo, era profesor". Frente a esa declaración, de la cual podría haberme llamado la atención cualquiera de las tres características nombradas, me quedé con la de profesor. Creo que esta vez me hizo mucho más sentido la historia de Vigotsky que la vez que en algún curso anterior leí.

En fin, el punto aquí es que acto seguido a ese comentario me dirigí a mi amiga y le dije: «hay cachado que todos los "padres" de la psicología NO HAN SIDO PSICÓLOGOS» Freud (quizás considerado el padre de la psicología en general, pero para el cual guardo solamente el título de padre de la clínica si quiero darle honores), era neurólogo, ni siquiera psiquiatra –aunque quizás nuestro destino seria muy diferente con un padre psiquiatra, o no???–. Vigotsky era Profesor, el padre de educacional; y finalmente el considerado "gurú" y casi padre de la psicología industrial, Taylor, era ABOGADO y luego dedicado a la metalurgia!!!! Así, podría seguir nombrando grandes próceres que estudiamos fervorosamente en la carrera, a lo largo de diversos cursos, QUE NO HAN SIDO PSICÓLOGOS.

Claro, frente a esa situación podría responderme: “es que somos una carrera multidisciplinaria”. ¡JA! ¡Las pelotas!, ese es el cuento que nos han contado ya que después de tantos años no han logrado abarcar del todo al objeto de estudio de esta "ciencia"; o sea el "ser humano". Creo que el tema es que desde un principio, y con toda la arrogancia del hombre, hemos partido mal. Esa ambición de nuestros verdaderos progenitores, como Wundt por ejemplo, de hacer ciencia y ser objetivos nos tiene tal como estamos. Han tenido que llegar señores de todo un sin fin de increíbles disciplinas a decirnos, ey! la cosa es diferente, y el ser humano es tan complejo que por más objetivos que quieran ser no lo lograran, porque existe un inconsciente, porque existe algo que se llama constructivismo! Con solamente esas dos frases –entre muchas– le dieron mil patas a los psicólogos, esas especies de brujos que circulan por el mundo "analizándolos a todos".

Qué orden podríamos esperar de esta ciencia social (porque ya que no logramos ser una ciencia objetiva, ahora somos una ciencia social) si tenemos los más diversos orígenes. Lo que sí me va quedando claro es que, sí hemos tenido que agachar el moño y escuchar a los que saben, lo hemos hecho.

Cuando ya estoy en el "meretrinezco" último semestre antes de la mención, con la inevitable sensación de que esto se acaba señores, y con increíbles turros de lectura, que jamás había tenido, siento que están todos apuraditos por enseñarnos cosas que no hemos aprendido antes. Enseñarnos un poco de lo que deberíamos saber de todas las ramas de nuestra carrera (que no son pocas) para ser un psicólogo más o menos integral. Lo que sí me pregunto es porque rayos pasaron tres –y me atrevería a decir: tres años y medio– tratando de hacernos personas integrales, con un bachillerato, si el ultimo semestre quieren convertirnos en psicólogos integrales! Después de todo vamos a trabajar como psicólogos y no como personas, y bueno, lo de integral lo dejo a conciencia propia. De todas maneras, dudo que en UN semestre logren ese barniz de "lo que deberíamos saber" como psicólogos (de la prestigiosa universidad católica de chile, y como elite de este país...) por más textos y textos que tengamos que leer. Así lo más probable es que logren sacar integrales lectores, pero no integrales psicólogos, que leen y no se si aprenden, todo aquello que nos han explicado los no-psicólogos.

Texto extraído con el permiso de la autora desde su blog.

Freud: El padre primordial de la psicología

junio 01, 2007

"Doctor … ¿por qué no me enchula el alma? (Resp.) ... Porque el que esté libre de toda tranca, que lance la primera interpretación".

Me parece interesante el apreciar como un mismo modelo teórico que en realidad tiene múltiples vertientes y que de alguna forma intenta a veces a pie forzado ser un cuerpo unificado de teoría y de estrategias de intervención, es apropiado por los diferentes terapeutas de diversas maneras, en distintos niveles y con diferente grado de profundidad y compromiso. La primera impresión que se me viene a la cabeza a propósito de la labor que realiza el terapeuta, es la de un artesano o un artista plástico que trabaja por ejemplo la pintura, pero abordada de las más diversas maneras y no solo eso sino que además mezclando estilos, materiales y formas de acuerdo más bien a la creatividad y más aún, a la camiseta valórica que cada uno puede traer a la mano. Al parecer, algunos basándose en la pintura como analogía por ejemplo a lo sistémico, son más impresionistas, otros más cubistas, otros más realistas, y además siendo más o menos ortodoxos con la técnica expresiva de base que en algún momento han elegido como forma de canalizar la manera en que el arte es vivenciado. Además, junto a lo anterior, continuando con la misma analogía, no sólo aquella expresión se desarrollaría únicamente a través del óleo, la tela, la acuarela, la tempera etc. Todos los terapeutas que conozco, a mi juicio, desde un punto de vista epistemológico por así decirlo, combinan los materiales señalados con el cartón, yeso, arcilla e inclusive con el cholguán. Cualquier combinación de técnicas y estilos parece ser apropiada cuando de fondo existe una coherencia que sustenta el accionar terapéutico, o se tenga la ilusión de que existe una, a la hora de abordar un problema clínico.

El pequeño gran detalle, es que la subjetividad del terapeuta es realmente la base orientadora que lo impulsa por ejemplo, a elegir atender a determinados pacientes y no a otros, que lo impulsa a adoptar determinado estilo y determinadas técnicas y no otras, llámese narrativas, paradojas, confrontación, pautas, etc, como verdadero fundamento que orienta su comprensión de las personas, de la realidad y evidentemente de sí mismo, independientemente que exista de aquello un darse cuenta más menos elaborado. Desde este punto de vista, no llama la atención que algunos mezclen diferentes paradigmas tales como lo sistémico con lo gestáltico y lo cibernético, lo constructivista con lo psicoanalítico e inclusive con lo cognitivo conductual, etc. Al parecer, cualquier cosa puede ser válida para hacer calzar el modelo de vida personal con el ejercicio de la Psicología y no al revés. Y no necesariamente es malo, el problema es cuando se confunde por ejemplo, la obra de Melanie Klein con el Corán, o cuando a los profesores y autores les viene un delirio místico y se creen Juan Bautista y/o Jesucristo, respectivamente (sin mencionar de plano a los que no se bajan del Olimpo).

Por todo lo anterior, quiero plantear (ya que es el leit motiv de este artículo) que lo más delicado a mi juicio, es que un terapeuta, no esté absolutamente consciente y no se haga cargo de la articulación entre su subjetividad y el o la combinación de los modelos teóricos y técnicos que ha elegido, o que precisamente, la mezcla luego de salir de la licuadora sea la de alcachofas con porotos, en un mismo plato.

En este sentido, me parece obvio concebir que todos los modelos tienen sus limitaciones, por la sencilla razón de que cada modelo, fue creado y adquiriendo forma de a poco por autores de carne y hueso que también tenían y tienen sus formas de apreciar la realidad y sus propias limitaciones también. Modelos que después han sido apreciados por otros terapeutas con sus propias limitaciones humanas y con su particular forma de percibir la realidad. Parece de perogrullo y trillado decir a estas alturas del partido, que como psicólogos la herramienta de trabajo esencial es uno mismo (y eso que uno también va cambiando), pero a mi parecer, es una de las pocas certezas con la que en realidad contamos, considerando que todas las teorías están en permanente transformación y de que ninguna, en conjunto ni mucho menos por sí sola, resulta ser el santo grial ni la piedra filosofal para la comprensión y el aplacamiento del sufrimiento humano.

Futuros colegas, la invitación es a que estudien con fervor cada aspecto de la mayor cantidad posible de paradigmas y técnicas, sin abanderizarse y/o bajarse los churrines a la primera por alguno o algunas en particular, tampoco necesariamente, a la hora de estar frente a frente con los pacientes, mezclen tomates con tuercas y más bien tengan en consideración que la calidad del vínculo terapéutico (alianza de trabajo entre terapeuta y paciente), es lejos el aspecto más trascendente respecto del éxito de una psicoterapia. Además, considero fundamental hacerse consciente y responsable de la subjetividad que sustenta la elección de nuestro estilo y tanto o más importante que todo lo anterior, les sugiero ejercitar la humildad personal y también respecto de los reales alcances de nuestro quehacer profesional (bastante más modestos de lo que uno quisiera).

Lo curioso es que aunque he querido, hasta ahora, jamás he podido ni yo mismo cumplir a cabalidad con todos estos aspectos recién mencionados. Debe ser porque sencillamente, soy otro terapeuta de carne y hueso, con bastantes limitaciones, defectos físicos y psicológicos junto a una particular visión de la realidad.

Bueno, por ahora es todo cuanto puedo informar. Adelante estudios.

Víctor Hugo Frigerio
Ser humano y Psicólogo.

¿Para qué sirve un psicólogo?

(reflexiones de comienzos del fin de una Carrera-Javiera)

“Así que en quinto año… o sea ya estás por salir”, me dijo la cajera del súper hace poco (había poca gente y alto aburrimiento). Sí po, respondí con soltura… pero, ¿qué significaba eso? ¿iba a acumular más puntos? ¿me harían un descuento? ¿lo que yo dijera iba a impactar de mejor manera? ¿eso me hace ser más popular y/o más regio? Pff, nada de eso. Al contrario, estoy en Quinto, cada vez más viejo, fome y achacoso, con enormes dudas sobre la carrera y su efectividad y en búsqueda de una práctica en la que no sé que hacer.

Todo se remota al ahora lejano año 2003, llegué del sur con mi canastita de mimbre cargada de ilusiones, mal que mal estudiaría una “buena carrera” en una “buena universidad”, todo ok! Los primeros años eran medio fomes, pero sabía que después vendrían años mejores (cuando yo entré el lema de la PUC era “el comienzo de tus mejores años”). Perdía el tiempo defendiendo a destajo a cualquiera que se atreviera a decir “que la psicología es un arte y no una ciencia” o “que las psicoterapias no sirven pa na”.

Pasaron los meses y leía a miles de autores, los controles se trasponían unos tras otros y me empezaba a aburrir, ¿qué hacer?… ¡un pasquín! ¡Sí! Eso me calmó por un rato. Algunos de mis compañeros decían “parece que no es tan buena esta carrera” (esos eran los más revolucionarios, una suerte de che guevaras psicológicos) y ahí empezábamos a elucubrar soluciones ¿es por qué no hacemos prácticas?, ¿por qué vemos a un paciente recién en 4º? <- aquí uno se da cuenta que la función de un psicólogo se remite a llenar fichitas para un psiquiatra, que es quien realmente la lleva: Gana más plata, se parecen a la gente de NipTuck los más jóvenes o a Freud los más viejos, dan pastillas y licencias médicas (que es lo que importa al final) y ¿qué hace uno como psicólogo? Algunos recurren al psicoanálisis con sus absurdos teoremas de que si digo algo en contra de ellos estoy en verdad negando mis propios conflictos. Otros se lanzan con las teorías sistémicas, etéreas casi siempre, incluyendo tantas variables que parece que después quien realmente estaba enfermo era el perro de la “nana” (<- recordemos que estamos en la PUC). Los más rudos e ilusos dicen “yo saco lo bueno de ambas teorías” (nunca entendí bien como se logra esto). Pero cuando las papas queman, cuando un tío te pide un consejo o una persona como la cajera del súper, mujer aproblemada, deprimida, con sueldo bajo y Transantiago. Recuerdas tus años de carrera, recuerdas en tu mente tantos libros leídos, tantas Siquieres de Ocampos, tantos Hernández, Fernandez y Baptistas y tantos otros próceres para que al decir con toda la propiedad del mundo que te otorga ir a las clases de los mejores psicólogos del país dices simplemente “oh, que mala… pucha ojalá te recuperes” (frase ultra escuchada por mí) <- ojalá te recuperes… qué??? ¿Acaso nos creemos una suerte de dama de blanco? ¿Una especie de afiche? No, todo mal, muy mal.

La cosa en las demás especialidades no deben ser muy distintas… de laboral es donde menos sé, pero es probable que la desesperanza sea alta. Porque ¿cómo se integra ahí la psicología cuando lo que se busca es lograr tener un em bi ei (MBI)? Por educacional, mejor que ni me pregunten, tantas fichas, tanta pega… para qué ¿para rogar que por favor te acepten en algún colegio? ¿para pasar los años tratando de convencer que contar con un psicólogo siempre es relevante y crucial? Si eres exitoso lo que vas a buscar es largarte de este país y punto.

En fin, la psicología es como el viejito pascuero, existe para el que cree que existe. Así nuestra función es lograr que siempre los problemas de la mente estén presentes, aportar cada día más con jerga para que otros la ocupen: Edipo, introversión, mente, memoria, motivación, masas de gente, etc, etc, etc. Me contaron alguna vez por ahí… que a los 3 meses en general los síntomas de una persona con “psicopatología” remiten solos. Yo leí que el porcentaje de mejora de una persona que va al psicólogo. Hay que crear como dirían mis amigos psicoanalistas “la fantasía de la cura y la enfermedad” si no este sistema colapsa y arrastraríamos una cesantía onto y filogenética. (A todo esto… el metro en este último tiempo está pasado hediondo a filogenia)

Y a mi abuela que alguna vez me preguntó: Mijito ¿y para qué sirve un psicólogo? Hoy le tengo la respuesta…Un psicólogo no sé pa que sirve… supongo que para nada o muy poco.

* dedicado al profe Coloma… quien dijo que la psicología educacional, no era servía pa na… Simplemente usted tenía razón, sólo que olvidó agregar al psicoanálisis y todas las teorías terminadas en “…ista” (y si, no tuve clases con él y ¿que con eso?)

Con cariño,
Jaime Balladares H

(*) Si está en primero o con crisis vocacional, ¡favor no leer!

P.S.: ¿Por qué en todas las cosas que escribo tengo que poner P.S.? ¿por qué no escribí alguna frase en otro idioma como la mayoría de la gente que escribe en este pasquín? ¿por qué hay días en que me levanto con un enorme impulso a citar con Apa? ¿por qué siempre tengo que responder “depende” cuando me ponen en dilemas psicológicos? ¿por qué si los ayudantes de la escuela hacen más pega que los profesores ganan en proporción un 0,000000001 del sueldo de un docente?

mayo 01, 2007

Acerca de Coloma como divulgador

por Burt Pappenheim

La presente es una indagación no solo sobre su estilo, sino que también sobre el lugar de éste dentro del marco referencial más amplio que es la doctrina misma del psicoanálisis, y su traspaso a través de las generaciones. ¿Es el estilo de Coloma como orador, teatral, artificioso e hipnotizador, una expresión coherente de lo que el psicoanálisis necesita para convertir individuos? En pocas palabras, ¿está el mensaje que le compete difundir en buenas manos?

Para un intento de respuesta, consideraremos dos criterios propios característicos (aunque no exclusivos) de aquel discurso que comienza y termina con Freud, criterios que, aunque arbitrarios y puramente pragmáticos, nos ayudarán a alcanzar una conclusión. Acudiremos a dos figuras disímiles pero que nos darán las pautas para un esbozo de juicio, Aristóteles y Elisabeth Roudinesco.

En primer lugar, recordemos la idea aristotélica de que, ya que el tipo de acceso a un objeto depende de la naturaleza de éste, es tan inútil pedirle demostraciones a la retórica, como persuasión a la matemática. La pregunta es, entonces, ¿qué se le puede pedir al psicoanálisis? Ciertamente, no demostraciones (por mucho que algunos iluminados crean que pueden demostrar que existe algo así como el Edipo), pero sí persuasión. ¿Y no es este arte sino persuasión; mistificada, seductora, sospechosa y sospechadora persuasión? Por supuesto, no caigamos en la simplificación de tomar lo dicho como algo negativo, después de todo, las disciplinas que efectivamente pueden “demostrar” algo son cada vez menos (maldito nihilismo posmoderno) por lo que solo queda una persuasión racional, seria, e idealmente basada en eficaces cadenas expositivas y argumentativas. Siendo entonces el problema verdadero si el edificio argumentativo con el que el psicoanálisis se divulga es uno bueno o malo, lo dejaremos entre paréntesis, pues su resolución no representa una necesidad imperiosa.

Ahora, claramente la divulgación de las ideas clásicas del discurso psicoanalítico no es solo escrita, la Palabra también se manifiesta en la predicación oral. En este aspecto específico, el estilo del discurso lacaniano (“discurso” en el sentido más coloquial: hablado, modalidad en donde la retórica puede mostrarse en toda su expresión) puede ser tomado como una continuación del freudiano, y las características de esta manifestación del psicoanálisis pueden verse como características de la misma forma en que estas ideas encuentran continuamente un nuevo huésped.

En esta línea, cuenta Roudinesco que durante los seminarios, Lacan no analizaba, asociaba. Su estilo consistía, entre otras cosas, en divagar alrededor de un tema, bordeándolo eventualmente, y expresando ideas que vagamente se relacionaban con el tema en discusión. Se refería a éste último, por supuesto, pero la misma desconfianza de Lacan hacia el lenguaje y el significado claro (digamos, conciente) le llevaba a buscar otros asideros, otras maneras de hacerse entender, o de confundir. La elección de palabras de Roudinesco es pertinente, y no es necesario recalcar la importancia de conceptos como “análisis” y “asociación” en la disciplina discutida, por lo que el lector ya debe haber notado el fin de la inclusión de esta idea posterior a la mención de una de Aristóteles.

Preguntemos, entonces, ¿es Coloma un buen exponente y divulgador del psicoanálisis? ¿Cumple eficientemente su tarea de presentar una doctrina y esperar que alguna fracción importante del público la encuentre interesante, inteligente o merecedora de reconocimiento? En la medida en que Coloma persuade –no demuestra- y asocia -no analiza-, sí, es un excelente divulgador del psicoanálisis. La Palabra está en buenas manos.

marzo 01, 2007

¿Qué hacer?

¿Qué hacer, entonces? (o, lo que es lo mismo, de qué se ve y qué se debe hacer cuando uno comienza a estudiar una carrera como Psicología)

Hay un tipo de gente que le tiene una fe ciega a la psicología, lo que sea que se entienda bajo ese nombre. A mí me cuesta entenderlos – me parece que tener una fe ciega en cualquier cosa es un tanto imprudente – pero allá ellos. Hay otro tipo de gente que se anota en la pared contraria: se muestran totalmente reacios, escépticos, incrédulos y burlescos ante cualquier pretensión de verdad de algún concepto que parta con psico-. Nuevamente me cuesta comprenderlos: tener una actitud de crítica indiscriminada también me parece un tanto imprudente.

¿Qué hacer, entonces? te preguntarás, pequeño saltamontes que pululas por primera vez estos pasillos. Sin ser tampoco ninguna suerte de oráculo, iluminado o, peor aún, catedrático al respecto, quisiera ofrecer modestamente lo que me han enseñado los años de (este) circo. En la psicología no hay biblias, pero tampoco hay una sarta de payasadas. Aunque en primera instancia suene muy relativista, no hay verdades absolutas, ni tampoco todos son unos charlatanes. ¿Qué hacer, entonces? volverás a preguntarte. Creo que es fundamental forjar, ya desde los primeros semestres, el sentido crítico; saber discriminar hasta dónde una idea me sirve para tener cierta comprensión de un paciente – sujeto, cliente, ratón, neurona, etc. –, tener la capacidad de indagar la estructura profunda de las misma teorías y ver más allá del discurso. La tarea no es fácil y claro que no puede ser de otro modo, puesto que tenemos el objeto de estudio más difícil de todos, el más enigmático y más propio: nosotros.

“Bienvenido a Psicología, elige tu mentira” escribió alguno hace algún tiempo. Más que mentiras circulando por ahí en fotocopias, yo pensaría en mitos. Los mitos, aunque parezca mentira, nacen de algo cierto, de una intuición original, de una chispa bajada por algún Prometeo anónimo hacia el suelo. “El mito intenta explicar lo inexplicable” decía Kafka y “dado que proviene de un fundamento verdadero, debe seguir terminando en lo inexplicable”1.

Cristián Rodríguez R.
5º año de circo

1 “Die Sage versucht das Unerklärliche zu erklären. Da sie aus einem Wahrheitsgrund kommt, muß sie wieder im Unerklärlichen enden.” - Franz Kafka, Prometheus.

noviembre 01, 2006

La porquería epistemológica


Descartes quería ponerle la res ultracogitans pero se murió meditando.

Dicen las malas lenguas que la tesis de grado de Roberto González consistía un estudio que correlacionaba el uso de la palabra "depende" entre el estudiantado y los años de carrera que habían cursado. Frente a una afirmación del tipo "¿Cree Ud. que la teoría X explica mejor el fenómeno psicológico Y?", el siempre crítico y cauto estudiante de psicología marcaba la alternativa: e) depende.

Han pasado varios años desde entonces, pero el dato no deja de ser interesante: el estudiante de psicología es año a año más escéptico (¿o debiera decir relativista?).

Quiero creer que la mayoría (no todos, la mayoría) de los novatos se alinean en algún lugar dentro de estos dos polos: el realismo naïv y el solipsismo. El primero cree que la psicología algún día encontrará la verdad, que el método científico la lleva, que todo puede reducirse a una interacción de neurotransmisores, que el psicoanálisis es una "mentira" que debe ser erradicada de la faz del planeta.

El solipsista es todo lo contrario. Es el que te dice: "todo es mental". Para él las cosas no existen. Ni siquiera tú o tú o tú. Sólo "yo" soy real (?). La realidad de afuera es una ilusión o, en el peor de los casos, engañosa.

Todo Novato (y me atrevo a decir: toda persona) tiene más o menos una de las dos cosas: "Mentira, porque está científicamente demostrado que...", "¡Cómo los neurotransmisores que son así de chiquititos van a poder explicar esa reacción! Tiene que haber otra cosa...".

Y en la medida en que pasa el tiempo y nos vamos exponiendo a cada vez más formas de explicar las cosas (que nunca se acaban, nunca agotan todos los fenómenos, alguien por ahí dirá: "crean los fenómenos"), tenemos que ir cediendo terreno a la incertidumbre, al no sé, al "depende".

Van a tener que pasar un par de años antes que el daño orgánico nos impida seguir pensando bien [hasta yo caigo en esto], y cuando tengamos treinta-y-tantos vamos a empezar a "reconocer patrones" en la realidad. Y a darnos cuenta que tal o cual teoría nos hace mucho más sentido que las demás. (Nótese lo que estoy diciendo: no tiene nada que ver con la coherencia de la teoría en sí, tiene que ver con los hoyos que te salen en la cabeza).

Ese será el comienzo de lo que llaman: casarse con una teoría. Pero antes de los treinta (agradezcan a la providencia por esto) sólo viviremos con la incertidumbre y la duda eterna.

Hoy por hoy, el que la lleva es el constructivismo. Todos quieren ser constructivistas. Y muchos profes nos enseñan esta cuestión como si fuera la última chupada del mate, pero si te pones bien atento te das cuenta cuándo muestran la hilacha (olvidan que el constructivismo es un constructo, se les sale el comentario positivista, etcétera).

¿Adónde voy con todo esto? Voy a la cuestión de la epistemología: pienso que Psicología es una carrera especialmente sensible a este tema. En otras carreras sí hay verdades absolutas. En la nuestra, hay pocos cursos que enfrenten esta cuestión directamente. La mayoría de los estudiantes lo aprende con el correr de los años. Hay otros que no se dan ni por enterados (lo he visto, es terrible).

Me pregunto si no sería bueno poner un curso en primer año donde se traten de estas cuestiones. Quizás les ayudaría un poco a los novatos a comprender las misteriosas vicisitudes del tan promiscuo "depende". A veces –y por nuestro propio bien– conviene adentrarse en eso que Descartes casi llama la res ultracogitans.

X.

Bienvenido a Psicología: Elige tu Mentira

Los caminos y las verdades

Hay algo de lo que uno puede como darse cuenta en psicología. En tercero uno estudia cada teoría y va viendo cual es la que más le gusta, en cierta forma como si tuviera que elegir. Pero uno habla con egresados y con psicólogos que ejercen y uno suele escuchar que adoptaron una visión más ecléctica, que toman un poco de cada teoría, según sea lo mejor para la práctica. Parece que la mayoría prefiere quedarse con una mezcla de las distintas teorías, que parecían mucho más excluyentes cuando uno las estudió.

Creo que algo semejante ocurre con las religiones y espiritualidades. Puede interpretarse que son distintos caminos hacia un mismo fin. Creo que esa es la opinión que prima entre nosotros. Puede pensarse que la paz sentida en misa no ha de ser muy distinta a la alcanzada en la meditación, o que la comunión de la eucaristía no sea tan distinto al sentimiento expansivo de conexión con el Todo en algunas espiritualidades. Las diferencias y semejanzas serán un tema muy interesante si se toma esto no con superficialidad. Se acepta por lo menos cierta relación o respeto que permita el diálogo o la convivencia, uno de los valores mayores quizás para varias religiones y espiritualidades. Por esto mismo muchas veces la posición dogmática es muchas veces criticada y mal vista, en diversas formas, como en el catolicismo y el islam. Dentro de varias razones, también seguramente por romper la posibilidad de contacto y diálogo entre personas.

Entonces habría creo yo cierta tendencia a pensar que las distintas creencias religiosas o espirituales son distintos caminos, distintas visiones.

Esto me parece semejante a las diferencias de perspectivas entre las personas que podemos ver cualquier día, es impresionante ver cuando uno conversa con alguien cómo esa persona ve cierta cosa, tan distinto de nosotros. Son como cosmovisiones distintas, ver las cosas distintas, ver y enfrentar la vida de otra forma. Cuando es mucha la diferencia a veces, uno no puede creer que la otra persona este viendo aquello así, es abismante.

Creo que con experiencias como dan para creer que mas bien hay verdades, mas que una sola verdad. Y no verdades como una misma cosa a la que esas verdades apuntan, sino que mundos distintos efectivamente.

Cada uno con su propia cosmovisión, su propia forma de ver cada cosa, sus propios colores, sus propias imágenes. Y con la semilla de su propia poética por desplegar. Entonces el mundo sería multiversos, millones de lugares por conocer, nuevos colores por ver, que surgen de cada uno.

Eso ha sido en general, se está acabando el ezquizoide. La idea un poco es proponer que la duda es más interesante, que es tan fructífera. Puede uno jugar a mirar las cosas como en un calidoscopio, variando las perspectivas. La idea es poder ver más. El mundo está por descubrirse y hay muchos marcos y formas de entender que limitan esto. Ver más en las personas también, ojalá podamos ver a las personas profundamente.

por Nicolás Amaro